
por
Adán Pando Moreno
Cinco ensayos sobre valores y posmodernidad
Moisés Torres Herrera y Alma E. Gutiérrez Leyton. Tradición y valores en la posmodernidad. Los nuevos retos de la educación . Pátzcuaro: ITESM-CREFAL , 2004, 156 p. |
Esta recopilación de cinco ensayos, recogidos por Moisés Torres y Alma E. Gutiérrez Leyton, docentes ambos de la Universidad Virtual del ITESM , se propone revisar desde varios ángulos un problema que, si bien no es nuevo, sí posee vigencia plena: la relación entre valores y educación en el contexto de la posmodernidad.
Cinco ensayos heterogéneos por sus autores, todos reconocidos estudiosos del fenómeno educativo y escolar, pero de diferentes nacionalidades y que atienden distintos niveles o aspectos educativos. Heterogéneos por su temática, desde planteamientos ontológicos hasta modelos didácticos muy concretos. Heterogéneos en sus perspectivas de análisis. Heterogeneidad, en fin, expresada en un rico tapiz de reflexiones tejidas a través de dos hilos principales: los valores y la educación.
De las cinco aportaciones que componen el libro, sólo la primera comienza por abordar la cuestión posmoderna de una manera que podemos llamar filosófica, "Axiología educativa para Occidente" de Octavi Fullat; los cuatro ensayos siguientes toman la cuestión cada uno de diferente modo; alguno lo plantea como una condición humana epocal, otro, sin hacer demasiados distingos, la toma como un contexto de múltiples cambios y hay quien la ve casi como un estado de conciencia.
En todos, no obstante, está presente la idea de las mutaciones socioculturales que vivimos, su ritmo y la respuesta de los individuos y los grupos ante cambios de los que son a la vez parte pasiva y activa.
Sobre este suelo común los autores siembran su preocupación por los valores en la posmodernidad y en particular en relación con la tradición. Fullat, en un escrito extenso y pletórico de citas eruditas, se ocupa de los valores desde una visión axiológico-ontológica, universalista, propia de una vertiente de la filosofía occidental. No sigue los senderos analíticos de la filosofía del lenguaje, más contemporáneos, sino los de una postura humanista desde la hermenéutica y se centra en el "macrovalor dignidad" ( sic p. 34) con la noción cristiana del amor ( charitas ) como trasfondo. De los cinco ensayos del presente libro, este es el más alejado de una didáctica en sentido estricto y el más cercano a la cuestión, una vez más en la historia, de la educación moral en su esfericidad.
José M. Esteve Zarazaga en "Educar para Convivir" se encarga de decirnos, muy ciertamente, que siempre que hay un giro notorio en el modo de vida de la época aparece la idea de una crisis de valores. Estas presuntas crisis, lejos de asustar al educador, deben alertarlo para revisar los cambios de valores pues la labor educativa siempre vuelve a fundar, implícita o explícitamente, los esquemas axiológicos de cada generación. La actitud de renuncia a educar en valores, que no debe confundirse con enseñar valores, ha sido un craso error, a veces involuntario, de los modelos educativos dominantes en las últimas tres décadas.
Pasa revista, somera pero bien fundada, a cuatro modelos educativos actuantes en el presente: la educación como molde, la educación como enseñanza, la educación como libre desarrollo y la educación como iniciación. De cada uno establece un balance entre pros y contras y, remando contra la corriente de los conformismos en boga, revalora aspectos de la llamada educación tradicional -tales como la fijación de límites, la responsabilidad, la disciplina- y critica facetas de los modelos antitradicionalistas -como aceptar "cualquier reacción desmesurada" y la carencia del "más mínimo autodominio" del educando (p. 85).
Esteve Zarazaga no propone un regreso a los modelos educativos anteriores sino que se inclina por la propuesta de la educación como iniciación, la cual rescata criterios de la educación para la vida y la formación más que la mera información a través de aprendizajes que tienen mucho de proceso artesanal.
Por su parte, Moisés Torres y Alma E. Gutiérrez, en un ensayo al óleo, de texturas espesas que antepone los oscuros, nos presentan un cuadro de la posmodernidad marcado por lo amorfo, lo indiferenciado y, en última instancia, el relativismo (inestabilidad, ambigüedad, caos, signos híbridos, indiferencia, incertidumbre, lo light , entre otros similares, son términos descriptivos que menudean en su ensayo).
Revisan algunos de los que han sido los puntos centrales de la condición humana posmoderna: un ethos social dual sobre los bebés y los ancianos, la adolescentización del individuo y su narcisismo, la sociedad de la información, etc. En la dimensión educativa, es clave el reconocimiento de la inexistencia actual de alumnos, de profesores y de líderes tradicionales. Ante una nueva situación no hay respuestas preescritas, la incertidumbre será un componente ineludible de la labor del educador, si no encontramos respuestas tendremos al menos una mejor capacidad de acción si sabemos algo más de esta incertidumbre y la compartimos.
Dos textos frescos cierran el libro. Uno de ellos es el de Martha B. Casarini que dice mucho en su conciso ensayo "Educación a distancia: reflexiones sobre el cambio y la tecnología". Apoyándose en buena medida en las ideas de Hargreaves y Thompson, no penetra tanto en la posmodernidad como en los cambios. Por un lado, cambios perceptibles en nuestro mundo contemporáneo aunque no necesariamente atribuibles a un estado posmoderno, tales como la caída del socialismo real o la globalización. Por otro, el cambio en sí, no sólo el cambio de algo sino en sí mismo, incluso como un valor, pero sobre el que poco se ha reflexionado.
El cambio, de todo tipo, puede ser percibido en marcos diversos: ya como un aumento puramente cuantitativo dentro de una idea general de progreso, ya como una retórica de la reforma en donde el cambio es aparente y la realidad es cíclica o bien como ruptura. La tendencia (concepto organizador más adecuado al ritmo de cambios que vivimos y sus percepciones, como lo señala la autora del ensayo) indica que en las áreas docentes de las instituciones educativas los cambios actuales se perciben más como discontinuidad que como continuidad.
Hacia el término de su ensayo, Casarini hace una breve incursión en las "tecnologías de definición" (aquellas generadoras de metáforas cognitivas). La tecnología en su uso objetivo y en su asimilación subjetiva, intimidad y distancia, la extensión corporal o la virtualización de la acción, interacción e interactividad, etcétera, son aristas que nos hacen entender la tecnología no sólo como canal para la educación a distancia sino como medio de aprendizaje que trastoca el sentido común que asocia toda clase de cibercultura con un cambio negativo propio de la posmodernidad.
La interactividad es, precisamente, uno de los temas del otro texto de cierre del libro "Interactividad, juegos y pensamiento objetivo", en donde su autor, Michael Yacci, explora el concepto y las posibilidades operativas de la interactividad en un ámbito de edutenimiento (cierto estado de "superposición y síntesis de educación y entretenimiento", p. 148).
Yacci incursiona en una modalidad de la condición posmoderna que son los juegos de realidad virtual en el ciberespacio. A través de un examen del modelo estructural de interactividad y observando el desempeño ante los juegos mencionados, logra aislar cuatro categorías de aprendizaje: de operaciones, de estrategias, metas instruccionales y resultados. Su análisis lo lleva a oponerse a las visiones apocalípticas de la posmodernidad y a la necesidad de replantear la relación entre aprendizajes y realidades.
Digamos, para finalizar, que no es un mérito menor el que este libro haya salido a la luz en colaboración de dos sellos editoriales de prestigio: el ITESM y el CREFAL . En un formato cómodo y legible es un libro equilibrado, entre cuyos aciertos está la diversidad y el que cada ensayo se debe leer a trasluz de los otros. Lectura urgente en estos tiempos que corren para quienes laboramos en el campo de la educación.