
por José Rivero
Políticas educativas y exclusión: sus límites
y complejidad
El acceso generalizado a la educación básica es signo de mayor democratización
social y preludio de los problemas que toda masificación supone. La desigualdad
en los resultados de aprendizaje es síntoma característico de sociedades duales y
fragmentadas, como la mayoría de América Latina.
Las diversas lecturas de estudios de caso en países de la región latinoamericana
sugieren la necesidad de considerar el contexto demográfico de la escolarización,
la de abordar desde distintos ángulos y enfoques el problema de la exclusión
educacional así como la persistente ambigüedad entre educación y desigualdad
social.
En la mayoría de nuestros países se ha logrado la universalización aunque
acompañada por altos niveles de deficiencia interna de los sistemas educativos.
La repetición y los bajos aprendizajes, fuertemente asociados, así como la considerable
distancia en la Región para poder alcanzar la universalización del preescolar
y de la educación media sintetizan la educación básica en la América
Latina de los 90.
Ello inspira reflexiones sobre los límites de la educación como mecanismo de
ascenso social y de superación de la pobreza y sobre la complejidad de las medidas
para enfrentar la exclusión.
Los crecientes límites de la educación
Se ha otorgado a la educación el carácter de inversión social con las más altas
tasas de beneficio, tanto para los individuos como para las sociedades.
Sin embargo, una serie de factores han contribuido a debilitar la idea generalizada
de que la educación formal es el mejor camino para la movilidad social y la
superación de la pobreza. La impresionante expansión de la cobertura escolar ha
generado un nivel cada vez más alto de educación promedio. El nivel primario
para muchos era suficiente en anteriores décadas; ahora, en cambio, cuando to
dos —o la mayoría— egresan de la educación primaria, las desigualdades y los
efectos de éstas se trasladan a exigencias de nivel medio o secundario.
La CEPAL señala que el capital educativo mínimo, en términos de acceso al
bienestar y al correspondiente ingreso laboral, demanda en la Región completar
el ciclo secundario y cursar como mínimo 12 años de estudios. Cuando se ingresa
al mercado laboral sin haber completado el secundario, uno a tres años más de
estudio no influyen mucho en la remuneración percibida, y en la mayoría de los
casos de poco sirven para salir de la pobreza; en cambio, el ingreso aumenta
considerablemente cuando los estudios cursados se suman al umbral de 12 o más
años de escolaridad. ¹
Otros factores limitantes para la ecuación educación = mayor movilidad social
son el denominado “credencialismo” —determinados niveles educativos no
garantizan por sí mismos una movilidad intergeneracional debido al más lento
crecimiento de las oportunidades ocupacionales respecto de los niveles educativos
alcanzados por la mayoría— y la estratificación de los establecimientos educacionales.
Son diferentes los procesos pedagógicos en centros educativos estratificados.
Esto se da no sólo en la clásica oposición entre escuelas públicas y privadas, sino
en sistemas públicos nacionales supuestamente homogéneos. Sólo en aquellos
planteles privados a los que asiste la población escolar con mayores ingresos y en
las escuelas públicas con tradición de buena enseñanza, o favorecidas por proyectos
generados con financiamiento explícito, los alumnos se benefician de las
actuales propuestas para mejorar la educación. Estas mayores posibilidades de
educabilidad están lejos de los estudiantes en situación de pobreza, la mayoría de
ellos sobrevive en ambientes familiares sin estímulo afectivo, lúdico e intelectual
y con precarios niveles de calidad de vida. Además, los sistemas educativos ofrecen
una educación pobre donde las condiciones de la demanda son más desfavorables:
es en ambientes pobres donde se evidencia la falta de capacidad de los
padres y de las comunidades para poder exigir servicios de mejor calidad.²
Educación y círculo vicioso de la pobreza
El desafío de superar el denominado “círculo vicioso de la pobreza” es hoy mayor —en un contexto de creciente pobreza en la Región— si tomamos en cuenta
tres elementos clave para apreciar mejor las dimensiones de la tarea pendiente:
-
Los parámetros para medir la transmisión intergeneracional de la pobreza son más altos
que antes. Ésta ha llegado a ser definida “como una situación en la que, en
comparación con los hijos de padres sin educación primaria completa, terminan
su educación secundaria antes de los 26 años de edad”.
³ Por esta definición
el hecho de que los hijos de los padres pobres hayan terminado sus
estudios de secundaria se utiliza como umbral para determinar si se romperá
o perpetuará el ciclo de transmisión intergeneracional de la pobreza; con ella
también se presupone que es poco probable que quienes no concluyeron su
secundaria a los 26 años lo hagan posteriormente.
-
Los desafíos de crecimiento económico para poder reducir la pobreza extrema. Estudios
prospectivos recientes señalan que en México, para reducir la mitad de incidencia
de la pobreza dentro de 16 años tendría que alcanzarse un crecimiento
del producto por persona de 2,5% anual; si, con mejor suerte, lograra crecer
al 3% per cápita, le tomaría 40 años superar esa situación. También creciendo
a 3% por persona, Chile tomaría 37 años para abatir la pobreza extrema.
Brasil, en cambio, requeriría 81 años.
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Escaso impacto del crecimiento regional sobre la ocupación y crecimiento del empleo informal.
Cifras de la OIT señalan que el lento proceso de crecimiento en la Región
tiene escaso impacto en el mercado de trabajo y que en la década de los 90 de
cada 100 nuevos empleos creados, 84 correspondieron al sector informal (trabajadores
independientes, trabajos domésticos y microempresas). Entre 65 y
95% de los empleados que trabajan en microempresas no tiene contrato escrito
y entre 65 y 80% no está afiliado a sistemas de salud ni a pensiones de
vejez.

El explosivo incremento del trabajo informal en la Región tiene claras
y distintas expresiones en los seis países estudiados.