
por José Ramón Flecha*
La presencia de Paulo Freire en España
En 1968 algunos amigos y yo comenzamos a alfabetizar en un barrio de chabolas de Bilbao. Yo me inicié con una familia portuguesa. Llegó a nuestras manos una versión en portugués del libro Educación como práctica de la libertad. Primero habíamos intentado hacer teatro popular al estilo del grupo La Barraca de García Lorca durante las misiones pedagógicas de La República. Con las orientaciones de Paulo Freire, nos centramos en colaborar con esas familias trabajadoras en aprender a leer las palabras y a leer su mundo, un mundo fuertemente condicionado por la dictadura.
Desde esa época hasta la desaparición de Franco en 1975, y durante la transición política hasta 1978, Freire fue el principal autor de referencia de la tarea de alfabetización cultural que realizábamos los movimientos populares en España. Los materiales de Freire eran leídos y comentados en los grupos cristianos de base, en los movimientos de renovación pedagógica, en algunas organizaciones de izquierda marxista y también en los ambientes culturales libertarios en los que yo me encontraba. La lucha contra Franco en la clandestinidad absorbió gran parte de mi tiempo que, sin embargo, pude compatibilizar con la continuidad de la lectura de los escritos de Freire que nos iban llegando.
Creíamos que en cuanto llegara la democracia las obras de Freire serían una referencia clave para las planificaciones de la enseñanza por parte de los nuevos poderes oficiales. No fue así; después de la transición se fue abandonando a Freire. Cuando en los años 80 se reclamó mi colaboración en la primera reforma de la enseñanza en la democracia que daría origen a la LOGSE y propuse que se tuvieran en cuenta las propuestas de Paulo, se me dijo “menos Freire y más Ausubel, Freire sirve para la Iberoamérica de los años 60, pero para la Europa de los años 80 lo que necesitamos es Ausubel”. Ya no se hablaba ni se dejaba hablar de educación para la transformación social, sino de adaptación curricular a cada individuo.
Muchos de los antiguos profesionales freireanos renegaron de él y de su obra cuando pasaron a ocupar responsabilidades institucionales. La moda postmoderna de la época trataba de arrinconar todas las referencias transformadoras de la lucha por la democracia bajo la dictadura y Freire era esa referencia educativa, lo mismo que el mayo del 68 era una referencia social. Las y los postmodernos trataban de presentar esas referencias como pasadas de moda y propias de nostálgicos de los años 60. Como un día dijo Paulo, trataban de presentarlos como si ya hubieran muerto en plena vida.
Pocas personas estábamos convencidas de que la obra de Freire no sólo no había caducado sino que contenía aportaciones muy importantes para el futuro de nuestra educación y nuestra sociedad, pero no lograríamos que lo fuera si no demostrábamos en la práctica su validez. Dentro de esa oposición a las dinámicas hegemónicas de la época, en 1978 me fui a vivir a un barrio obrero donde todavía había chabolas. Ahí fundé el Centro de Educación de Personas Adultas la Verneda siguiendo las mismas orientaciones dialógicas que Freire. La intención era primero consolidar ese Centro y desde esa realidad revivir la obra y la persona de Freire en España como una contribución clave a una educación transformadora que mejora la situación de todas las personas.
Cuando ya habíamos logrado esa implantación y demostrado que con la orientación freireana se superaba el fracaso escolar que estaban generando las orientaciones hegemónicas, decidimos revitalizar en nuestro país la obra y la persona de Freire. En 1987, un año después de entrar en la Universidad de Barcelona como profesor, llamé a Paulo para hacerle Doctor honoris causa. Los actos que organizamos con ese motivo sirvieron para demostrar que, como él mismo dijo, Paulo Freire estaba vivo. Mientras las instancias oficiales trataban que lo olvidaremos, había muchas personas y colectivos que tenían una gran esperanza en su obra. Las y los postmodernos decían que no iba a venir nadie y, sin embargo, la sala de actos de magisterio estaba a rebosar y muchísima gente se quedó fuera.
En el acto de investidura gran parte del personal académico esperaba que Paulo hablara de sus libros. Sin embargo, y para escándalo de muchos, habló del amor, del amor que había tenido a Elza y que ahora tenía a Anita. Ante algunos comentarios, Paulo respondió: “si ya conocen mi obra, para qué quieren que les vuelva a hablar de ella; y si no la conocen, ¿cómo es que me han dado el doctorado honoris causa? He preferido hablar de algo tan importante para el ser humano como el amor.”
Fue en ese momento cuando me hice amigo de Paulo. Le gustaron algunos detalles como que cedí el tiempo que me tocaba hablar en el acto a una participante de un curso de alfabetización; de otro modo, sólo hubiéramos hablado los académicos y como siempre no hubiéramos escuchado la voz de los sin voz. Paulo me pidió que para otra vez diferenciara muy bien entre quienes son consecuentes desarrollando teorías y prácticas transformadoras y quienes sólo querían utilizar su nombre.
Una anécdota para compartir
Nos encontramos en el aeropuerto de Barcelona en diciembre 1987. Sus primeras preguntas fueron sobre la persecución que había sufrido el pedagogo anarquista Ferrer i Guardia. Le costaba mucho entender la pasividad e incluso la complicidad de la sociedad e intelectualidad catalana con la persecución que llevó primero al cierre de su Escuela Moderna y posteriormente a su fusilamiento. Tras pasar unos días juntos me dijo que tenía que conocer a Henry Giroux y a Donaldo Macedo, él estaba seguro de que nos haríamos grandes amigos, como efectivamente fue.
En julio de 1994 le presenté a mi amigo de la infancia Jesús Gómez (Pato), quien desde entonces se convirtió en el mejor amigo de Paulo en España. Nita es testiga directa de lo muchísimo que llegaron a quererse Paulo y Pato, lo importantes que fueron el uno para el otro. Hablaban muchísimo de amistad y amor, incluso comentaban que tenían que hacer un libro que se denominara Pedagogía del brillo en los ojos. Pasamos unos días maravillosos Paulo, Nita, Jesús Gómez, Donaldo y yo, ya que Henry no pudo venir.
Confeccionamos el libro Nuevas perspectivas críticas en educación siendo coautores Paulo, Castells, Giroux, Macedo, Willis y yo mismo. Especialmente intensos fueron los debates con Castells; Paulo y los demás le decíamos que escribía sobre una sociedad de la información sin desigualdades. Poco después Castells escribiría su trilogía más famosa en la que tiene un tomo dedicado a los movimientos sociales y otro a las desigualdades.
Los postmodernos consideraban a Freire un pasado de moda y decían que al congreso en el que íbamos a participar sólo acudirían los nostálgicos de mayo del 68. A Paulo le encantó que, en lugar de inaugurarlo alguien de poder en la universidad, lo hiciera una investigadora joven, Marta Soler, con las siguientes palabras: “Más de la mitad de las casi mil personas que estamos aquí no habíamos nacido en mayo del 68”. Marta Soler es actualmente la directora de CREA, un centro de investigación que gustaba mucho a Freire entre otras cosas por lo mucho que promocionaba a las y los investigadores jóvenes enfrentándose a las típicas relaciones de poder académicas y por su compromiso con la transformación social, no sólo de la educación y la sociedad, sino también de la propia universidad.
A pesar de la insistencia del gobierno de Cardoso, Paulo no quiso firmar el apoyo a los parámetros curriculares que se estaban haciendo en Brasil en la misma línea que las orientaciones curriculares de la LOGSE en España. Precisamente en ese congreso se contestaba a la LOGSE y se abría la alternativa de las Comunidades de Aprendizaje que se iniciaron en 1995 en España con la referencia del centro de la Verneda y con el decidido apoyo de Paulo.
En una de esas noches se jugaba el partido Brasil-Estados Unidos del mundial. Paulo pidió en público terminar a tiempo una charla de estudiantes brasileños para poder llegar a tiempo a verlo. Antes de subir a mi casa en el piso de la Verneda pasamos por la farmacia a comprar sal de frutas y Paulo me dijo que sería lo único que tomaría esa noche porque tenía muy mal el estómago. Pero al llegar arriba sintió el olor de unas alubias que habíamos preparado. Comió tres platos y desde entonces siempre nos pedía que le hiciéramos más “alubias vascas”; para crear ambiente Donaldo decía que iba a favor de Estados Unidos, pero todos los demás íbamos a favor del Brasil, que ganó entre los gritos de ánimo de Nita.
En ese año 1995 volvimos a pasar unos días juntos en Barcelona las mismas personas y también fuimos a Valencia con Basil Bernstein, a participar en un congreso con motivo de la aprobación de la ley de personas adultas del País Valenciano, que se había hecho tomando como base un trabajo preparatorio del CREA, el centro de investigación que tanto gustaba a Paulo Freire. Ahí estábamos sus amigos de Barcelona. Basil Bersntein expresó su admiración por la figura intelectual de Paulo y tuvimos unos días muy agradables, de gran debate intelectual y de mucha amistad.
Las conversaciones con Paulo sobre su experiencia con las escuelas de Sao Paulo y sobre las Comunidades de Aprendizaje ayudaron mucho al desarrollo de este proyecto. También charlábamos sobre los congresos de alfabetizandos en las que las mismas personas participantes formaban su propia voz. Así fuimos ideando lo que luego serían los congresos de alfabetizandos también en España, la educación democrática de personas adultas y el convenio Verneda-Porto Alegre. Quedamos en que vendría próximamente al País Vasco entre otras cosas a ver in situ las comunidades de aprendizaje.
En esos viajes era muy duro ver la tensión que le causaban a Paulo las personas que querían a toda costa estar a su lado sin respetar su propia voluntad. Paulo no quería que utilizaran su nombre en su propio beneficio cuando en realidad no había sintonía ni intelectual ni personal con ellos. Desgraciadamente, ahora ya no puede impedir que lo hagan.
En 1996 volví a verle en su casa de Sao Paulo. Participábamos ambos en un encuentro sobre la educación de jóvenes y adultos. Poco después fui a Porto Alegre donde estuvimos hablando de los análisis y opiniones de Paulo Freire sobre el Centro de Educación de Personas Adultas de La Verneda. En esas reuniones, en las que estaba presente Rosaline de Aquino, surgió la necesidad de transformar la educación de personas adultas de Porto Alegre inspirándose en la Verneda y poniéndole el nombre muy freireano de MOVA al nuevo movimiento.
Aunque todavía no lo sabíamos esa fue la última vez que vi a Paulo. En 1997 teníamos preparadas visitas a España que incluían su participación en un Congreso del País Vasco, así como la recepción de un nuevo Doctorado honoris causa en Málaga. La muy triste noticia interrumpió esa posibilidad. En julio de 1997 estuvimos en Hamburgo arropando a Nita en el homenaje a Paulo Freire en la IV Conferencia Mundial de Educación de Personas Adultas de la UNESCO.