
por José Beltrán Llavador
La educación de personas adultas en la encrucijada: dilemas y perspectivas¹
La decisión de una persona de emigrar debe contemplarse en el marco del sistema económico mundial. Y no para reforzar así una teoría económica determinada, sino para poder evaluar correctamente lo que le sucede al emigrante. El sistema económico al que nos referimos es el neo-colonialista. La teoría económica puede demostrar de qué forma este sistema, al generar subdesarrollo, produce las condiciones que desembocan en la emigración; también puede demostrar por qué el sistema necesita la fuerza de trabajo especial que los trabajadores emigrantes se ven obligados a vender. Y sin embargo, el lenguaje de la teoría económica es necesariamente abstracto. Por lo tanto, si se desea comprender las fuerzas que condicionan la vida de un emigrante y verlas como parte de su destino individual, es preciso recurrir a formas de explicación menos abstractas. Hay que recurrir a la metáfora. Pero la metáfora es de carácter pasajero. No sustituye a la teoría.
John Berger: Un séptimo hombre, p. 53
En lo que sigue se trazan tres escenarios para una contextualización del trabajo con población inmigrante en educación de personas adultas. En primer lugar, y tras una primera diferenciación conceptual entre las nociones de "extranjería" y de "inmigración" tratamos de enmarcar el fenómeno de las migraciones en una perspectiva sociológica de largo alcance, vinculándolo a consideraciones demográficas e identitarias, y desmintiendo, de paso, algunos de los tópicos que circulan en torno a la inmigración. En segundo lugar, la exposición se centra en la necesidad de constituir una ciudadanía plena, más allá de la ciudadanía formal, fomentando las oportunidades vitales de los públicos emergentes a través de procesos formativos. Por último, con una intención propositiva más que descriptiva, se enumeran diez sugerencias de carácter general para la incorporación de un posible currículum migratorio por parte de los centros, iniciativas y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales dedicados a la enseñanza de las personas adultas. El currículum migratorio no puede perder de vista los fines de la educación orientados a una vida social más justa y a una cultura de paz.
Las palabras y sus dueños
La cita que encabeza esta reflexión corresponde a un magnífico libro del escritor y ensayista John Berger, publicado hace más de 30 años, pero que conserva su plena vigencia. Si bien es cierto que, como dice Berger, la metáfora no sustituye a la teoría, acudiremos a ellas en busca de cierta ayuda en forma de explicaciones auxiliares. Apelando a algunas metáforas intentaremos despejar algunas obviedades aunque sea por seguir la definición que hace de la sociología la ciencia de las obviedades. Lo que sucede es que a veces algunas obviedades son tan evidentes, que nos cuesta detectarlas, como el bosque que impide ver los árboles, y hemos de realizar una operación que consiste en el rescate de lo que nos es más cercano y cotidiano.
Las metáforas son herramientas del lenguaje. Nos enfrentamos a lo desconocido haciendo asociaciones con aquello que conocemos. Comparamos sucesos, conceptos o significados y los relacionamos con nuestros esquemas de significado. El lenguaje no es inocente ni neutral, de manera que conviene preguntarse bajo qué condiciones es válido o verosímil el uso de determinadas ideas o expresiones. Así, por ejemplo, podemos preguntarnos bajo qué condiciones se pronuncia la palabra "libertad duradera" o "justicia infinita" para referirse a una guerra cínica y pornográfica, bajo qué condiciones se pronuncia el término "calidad" en una Ley educativa que propugna el segregacionismo como un modelo de excelencia, o bajo qué condiciones, en qué contexto, desde qué sujetos de la enunciación, se pronuncia la palabra "inmigración". En una reciente viñeta de El Roto publicada en el diario El País podíamos leer "Hemos privatizado los diccionarios, así que a partir de ahora las palabras significarán lo que digan sus dueños". Lo que digan sus dueños, o lo que decidan no decir, porque a veces cuenta tanto lo que se dice como lo que no se dice. Por ejemplo, que se omita información en la televisión pública acerca de una huelga general es una negación de la realidad, como lo es el que se omita el resultado de informes internacionales acerca de la necesidad de mayores flujos de inmigración para nuestro país. Negar la realidad es un auténtico acto de locura, de modo que en ocasiones nos haría falta un análisis de psicopolítica, que desbordaría nuestros propósitos ahora, para recuperar algo de cordura.
En cambio, lo que haremos será plantearnos unas cuantas interrogantes quenos aproximen al fenómeno migratorio. La primera pregunta que surge es meramente descriptiva: ¿Qué es la inmigración? Y de paso: ¿Por qué se habla, como se habla, de la inmigración? Para no incurrir en abstracciones que nos desvíen demasiado de lo que nos preocupa, podemos preguntar mejor: ¿Qué significa ser inmigrante? Siguiendo a Sami Naïr (2001), ser inmigrante, o mejor, la acción de inmigrar, significa abandonar el lugar en el que se ha nacido para residir en otro lugar. Ahora bien, no es lo mismo ser un inmigrante que un extranjero. Un extranjero es una persona que no posee la nacionalidad del país en el que se encuentra, lo más frecuente es que no esté mucho tiempo en ese país. Si el extranjero quiere quedarse, se convierte en inmigrante. Pero eso es una decisión que no le corresponde a él solo. La ley del país de acogida establece las condiciones de instalación de los sujetos, según varios requisitos, uno de los cuales -sin duda de los más importantes- es el de poder o no poder trabajar. En cualquier caso, esta diferencia, aun siendo relevante, es formal y no sustantiva. Lo que sí es sustantivo, como veremos más adelante, es la extranjerización extrema del inmigrante; su conversión en una categoría impertinente, no pertinente o no perteneciente a nosotros, a lo nuestro, otorguemos el significado que queramos a esto último.
A partir de 1974, un número relativamente menor, aunque en crecimiento, procedente de lugares como el África negra, el Magreb, Asia, América o Europa del Este siguen entrando legalmente cada año para trabajar en sectores donde se reclama su presencia (hostelería, restauración, construcción, servicios sociales, comercio, agricultura, etc.). Aquí podemos señalar el fenómeno de la etnoestratificación del mercado laboral, que asocia la distribución de determinados trabajos o las barreras de acceso a estos, en función de la procedencia de las personas inmigrantes.
A la primera pregunta que planteábamos, se podría añadir una segunda: ¿Por qué se habla tanto de la inmigración? De creer a ciertos medios, parecería que en Europa sólo hay inmigrantes. Por lo que se refiere a nuestro país, el hecho de que aumente el número de inmigrantes (algo más del 3% de la población total, acercándose a la media europea) se presenta como un fenómeno preocupante. Podemos preguntarnos a continuación, si lo que sucede en Europa y en nuestro país es un hecho preocupante, es decir, ¿la inmigración, tal como la conocemos ahora, es un hecho excepcional? La respuesta no admite réplica. La inmigración no es un hecho excepcional. Por el contrario, los seres humanos siempre han migrado. Sea cual sea su nacionalidad, cultura, religión u origen, el ser humano desea una vida mejor para él y para los suyos. En el fondo, hablar de inmigraciones habla del deseo de los seres humanos de ser un poco más libres, de vivir en condiciones más dignas. Y en consecuencia, hablar de políticas de inmigración, es hablar de la gestión de los deseos y legítimas aspiraciones de mejora de buena parte de lahumanidad. Sea como fuere, el análisis del fenómeno migratorio no se puede realizar en abstracto, sin tener en cuenta contextos determinados, situaciones singulares. Por tanto, es necesario contemplar el fenómeno desde su complejidad, de una manera relacional, procesual, no estática.
Si el hecho de la inmigración no es excepcional, y seguimos con nuevas preguntas: ¿por qué se habla tanto de ella? ¿por qué esa ocupación y preocupación acerca de la inmigración? Lo cierto, tal como señala Sami Naïr, es que la inmigración saca a la luz al menos una contradicción que no es fácil de resolver: la que se da entre el punto de vista de los inmigrantes y el de la sociedad de acogida. Se trata de un trabajo a dos bandas, de una relación dialéctica o dialógica, de un diálogo entre dos puntos de vista. Algo que ya pedía Kant cuando reclamaba la paz perpetua: ser capaces de ponernos en el punto de vista de los otros. No parece tan claro, sin embargo, como sostiene con optimismo Naïr, que la integración venga siempre, antes o después. En nuestra propia historia ha habido un largo proceso de mestizaje, pues nosotros somos el resultado histórico de una encrucijada o cruce de caminos: iberos, árabes, judíos; pero también persisten, pese a los avances logrados, algunos desencuentros significativos como los que tienen lugar entre el pueblo payo y el pueblo gitano.
¿Cuál es la situación en nuestro país? España desde hace algo más de una década se ha convertido en un país de inmigración. Ha dejado de ser un país de partida para ser un país de destino. Siguiendo el esquema propuesto por Naïr, la inmigración en España llega básicamente a partir de tres procedimientos: a) Mediante el reagrupamiento familiar: el inmigrante legalmente instalado puede hacer venir a su cónyuge y a sus hijos, haciendo de cabeza de puente. b) Mediante los solicitantes de asilo: aquellas personas que buscan refugio por estar perseguidos en su país de origen o a causa de sus opiniones o de su lucha por la libertad. c) Mediante la regularización: los inmigrantes ilegalmente instalados que sufren procesos de regularización. Así, en España fueron regularizados cerca de 50,000 personas en 1986, cantidad que se duplicó un lustro después. Ahora hay cerca de un millón de irregulares.
Se estima entre 10 y 15 millones de irregulares en todo el mundo. La inmigración clandestina e irregular ha existido siempre. En países como el nuestro, que hace uso de mano de obra barata, desempeña un papel importante. Las empresas ya no quieren emplear a trabajadores nacionales a precios elevados.
Lo cierto es que el inmigrante viene con una herencia social que cuesta mucho cambiar y que da lugar a una segmentación étnica del mercado laboral.
El emigrante no hereda otra cosa que pobreza. Pero este es un término demasiado general para expresar lo dramático de la situación. Es preciso enumerar los componentes de tal herencia.
Penetración del capital occidental en su país
(su abuelo aún recuerda cómo ocurrió)
Destrucción de la autarquía precapitalista de las zonas rurales
Reforzamiento de la clase terrateniente semifeudal
Producción de materias primas, cultivos comerciales, etc. para intereses foráneos
Ascenso del capital mercantil local
Crecimiento rápido de un pequeño número de industrias en condiciones monopolistas
RESULTADO:
El desarrollo local
El desarrollo técnico en general QUEDAN BLOQUEADOS
La reforma agraria
La agricultura moderna
Circulación de mercancías
Difusión de la cultura de la metrópolis
Crecimiento demográfico (debido a las mejoras sanitarias)
Polarización absoluta entre ricos y pobres
Alianza del capital mercantil, los terratenientes y los intereses extranjeros para hacer frente a cualquier amenaza de cambio social
RESULTADO:
La educación moderna
La secularización de la vida QUEDAN BLOQUEADAS
La democracia política
John Berger: Un séptimo hombre, pp. 50-51