Para AUGUSTO
ÁNGEL MAYA no es posible afrontar la crisis
ambiental de nuestros días, y mucho menos solucionarla,
sin realizar "una profunda reflexión sobre las
bases mismas de la civilización". El autor se
da a la tarea de hacer una revisión de la filosofía
en occidente, desde su surgimiento en Grecia hasta nuestros
días, ubicando los diferentes sistemas filosóficos
ya sea en la inmanencia aquellos para los que la causa
o explicación de la naturaleza se encuentra en ella
misma o en la trascendencia para los que dicha
causa o explicación está más allá
de la realidad física. El autor afirma que desde
Platón la relación conceptual del hombre con
la naturaleza sufrió una profunda reversión,
es decir, se hizo trascendente, a diferencia del análisis
que hasta hacía poco estaban realizando los llamados
filósofos jonios como Tales y Anaximandro.
En el primer capítulo "¿Qué
es filosofía?", además de hacer un recorrido
por la historia de esta disciplina, desde los presocráticos
hasta Kant, Hegel, Marx y Nietszche, y analizar críticamente
los diversos planteamientos, el autor establece las bases
mínimas que debe tener una nueva filosofía
y los problemas por afrontar y resolver.
El Capítulo 2, "Naturaleza",
se dedica a definir este concepto, tratando por una parte
de esclarecer si nosotros, que la observamos, pertenecemos
a ella, y por otra, si ésta es autónoma. El
marco de referencia que utiliza para responder es la filosofía
occidental.
En "La vida", el Capítulo
3, el autor recorre el desarrollo de la biología
hasta llegar al surgimiento de la ecología y sus
conceptos. Como conclusión de este capítulo
plantea las preguntas que intentará resolver, o al
menos plantear su resolución en el siguiente: ¿Qué
es el hombre? ¿Un animal más? ¿Está
acaso programado dentro del plan mamífero? ¿Hace
por casualidad parte del ecosistema?
En el Capítulo 4, "El hombre",
el autor inicia el análisis de nuestra especie, destaca
y contrasta las perspectivas presocrática y platónica
y continúa esta vez hasta el siglo XX,
con la ciencia moderna, concluyendo que "El hombre
no es el ángel de Platón, pero tampoco es
el simple mamífero de los sociobiólogos".
En "Homo sapiens", el Capítulo
5, el análisis se centra en una revisión crítica
y de contraste entre la filosofía presocrática
(jonia), la platónica y sus derivaciones actuales.
En la última parte de este capítulo: Conocimiento
y ciencia, se revisan los planteamientos de la física
clásica y la cuántica.
El autor justifica el Capítulo 6:
"Homo sensiens". Lo bello, el sexo y el amor,
considerando que "para lograr un manejo adecuado de
la naturaleza, es indispensable recuperar la capacidad de
fruición sensitiva ante ella". De nuevo los
tres temas principales del capítulo se analizan críticamente
en el marco histórico de la filosofía occidental.
"La sociedad. Ética y política",
el Capítulo 7, sigue desde luego el plan general
del libro y en su última parte se pregunta si es
posible una "sociedad ambiental"; libertad, ética,
política y derecho son los ejes del análisis.
En el Capítulo 8, "Los dioses",
Augusto Ángel Maya hace referencia a la presencia
constante de estos seres a lo largo de la historia humana.
Lo cierto es que el autor aprovecha para analizar, por última
vez en el libro, las diferencias entre la inmanencia y la
trascendencia y las consecuencias de la adopción
de la segunda perspectiva para la cultura occidental.
En resumen, a lo largo del análisis
histórico que transcurre en los ocho capítulos
que componen la obra, el autor va haciendo notar las diferencias
entre esos dos puntos de vista y sus consecuencias éticas,
políticas y prácticas para la civilización
occidental en general y para su relación con la naturaleza
en particular. Con el apoyo, por un lado de Tales, Anaximandro,
Heráclito, Protágoras, Hegel y Marx, y por
otro con el de la física y la biología modernas,
el autor se inclina hacia la explicación inmanente
de la naturaleza por considerar que con ella será
posible establecer las bases de una nueva cultura y
las de una filosofía ambiental que permita
superar la actual esquizofrenia, es decir la visión
trascendental kantiana, por ejemplo que nos
ofrece un mundo dividido entre espíritu y naturaleza.
Reseñado por Claudio Amescua García