Decisio
Número Multitemático

No. 9   
Septiembre - Diciembre  
Año 2004

SABERES PARA LA ACCIÓN EN EDUCACIÓN DE ADULTOS

   

Diego Rivera (Guanajuato, México, 1886-Ciudad de México, 1957).
Retrato de Martín Luis Guzmán, 1915, óleo sobre tela, 72.3 x 59.3 cm. Colección de la Fundación Televisa, México.
D.R. © 2003 Banco de México, Museos Diego Rivera y Frida Kahlo, Av. Cinco de Mayo No. 2, Col. Centro, Del. Cuauhtémoc, 06059, México, D.F.

Escribir un par de párrafos sobre Diego Rivera constituye una tarea diabólica: gigantesco como pintor, inenarrable como personaje, desplegando una imaginación descomunal en cuanta cosa hizo o dijo, no se han escrito todavía libros suficientes como para hacerse siquiera una pálida idea de lo que fue Diego en vida.

Antes de cultivar el cubismo había logrado ya una considerable obra académica dentro de las corrientes modernistas españolas de la escuela de Zuloaga. Sin embargo, a los 27 años de edad lo encontramos bien instalado en París y viviendo con intensidad los hallazgos de la revolución cubista. Habiendo encabezado varios de los nuevos aciertos, su obra del momento fue calificada de "cubismo de Anáhuac" por varios compatriotas al visitarlo en su estudio de la Rue du Départ. No era ajeno a todo ello la cita que de los "Diálogos Socráticos" había hecho su maestro Santiago Rebull en la Academia de San Carlos, en México, y que Diego recordaba a menudo: "...quiero enseñarte a amar las formas más puras, permanentes e imperecederas, esto es, las figuras con las que los arquitectos dibujan y construyen: el cilindro, el cono y la esfera, así como los colores puros que les corresponden —el rojo, el amarillo, el azul— tal como los vemos en el arcoiris".

El período cubista de Diego dura cuatro años y va de 1913 a 1917, comprendiendo

una parte importante de su pintura de caballete (unas 200 obras). En el magnífico retrato que ahora reproducimos, el escritor mexicano Martín Luis Guzmán aparece sentado en un equipal y con un sarape zacatecano al hombro.

Diego abandona el cubismo en 1918 y regresa a su patria definitivamente en 1921. Reformula su pintura dentro de un clasicismo muy personal que muestra, sobre todo en la concepción de sus pinturas murales, la sapientísima asimilación de una geometría constructiva en la que algo tuvo que ver su período cubista. La obra de Diego contribuyó de manera indudable al renacimiento de la pintura al fresco y de la pintura mural en general en un siglo, el siglo xx, en el que el ejercicio de este género estaba prácticamente abandonado.

Ya en los años 30 Rivera declaró que el cubismo era un arte producido por una sociedad burguesa decadente, a pesar de haber sido uno de los logros más importantes de las artes plásticas desde el Renacimiento. Hacia el final de su vida, el inolvidable poeta Carlos Pellicer le preguntó: "¿Por qué fuiste pintor cubista durante cuatro años, Diego?", a lo que el pintor, tan inclinado a crear anécdotas, respondió: "¡Por pendejo!".

 
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Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos
en América Latina y el Caribe (CREFAL). (C) 2004.
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