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Haciendo Nuestra
Historia
Textos autobiográficos
y cultura escrita
Ana María Méndez Puga
México
a_puga_m@yahoo.com
Introducción.
Al observar procesos educativos con personas jóvenes
y adultas y procesos de formación de los educadores
que trabajan con estas personas, generalmente se está
en una relación horizontal que posibilita el diálogo
franco y directo, acerca de quiénes somos y por qué
estamos ahí. Esa horizontalidad, entre adultos, puede
perderse al generar un desequilibrio y transformar la relación
en vertical, cuando se comienzan a desarrollar situaciones
de aula, situaciones escolares, en las que el educador es
el que sabe y enseña y las personas jóvenes
y adultas son las que no saben y tienen que aprender.
Para mantener ese equilibrio es necesario afianzar el diálogo
desde el trabajo cotidiano, dejarlo fluir, asentarlo en temas
de la vida diaria, de la salud, de la crianza de los hijos,
del trabajo, de lo que sucede en el mundo, de las parejas,
de los sueños. Al dialogar desde esa cotidianidad generamos
temas para escribir, para ayudar a la memoria a recordar y
a no olvidar, para organizar los libros de los hijos, en fin,
para acercarse a esos textos y contenidos que están
en la escritura o que pueden estar.

Escribir la propia vida es hacer la vida.
Al escribir nuestra historia vamos desarrollando habilidades
para pensarla de otra manera, para valorarla, y de manera
especial, vamos siendo capaces de reconstruirla. Cuando estamos
iniciando un proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura
con personas adultas, estamos apoyando el desarrollo de distintas
habilidades cognitivas, basadas en las que ya han construido
a lo largo de su vida. No estamos comenzando de cero; decirlo
resulta fácil, pero asumirlo en el trabajo cotidiano
es lo difícil.
Cuando se parte de los saberes de las personas jóvenes
y adultas en alguna actividad educativa se precisa del reconocimiento
verdadero de ellos y ellas como actores de su existencia,
con posibilidades de recuperarla, con ganas de contarla. Narrar
la vida en espacios distintos es una manera de redescubrirla.
Un acercamiento distinto a la cultura escrita desde la posibilidad
de representar las ideas acerca de quiénes somos, qué
hacemos, qué esperamos, qué queremos como proyecto
de vida o qué podemos dar a los otros y qué
esperamos recibir, es otra manera de aprender. No desde la
repetición del sonido de las letras, sino desde la
necesidad de expresión y representación de las
ideas.
En este documento se presentan una serie
de sugerencias para trabajar con personas jóvenes o
adultas que están en un proceso educativo, de manera
particular para aquellos que desean mejorar sus competencias
como lectores y escritores. |
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