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Cultura
Escrita
El aprendizaje de la
lectura y la escritura para su uso en la vida cotidiana
Judith Kalman
Departamento de Investigaciones Educativas, Centro de Investigación
y Estudios Avanzados del IPN/México
kalman@data.net.mx
...Hace muchos años,
caminando por las calles de la ciudad de México, encontré
un letrero pintado a mano sobre una tabla de madera que decía:
SE-aSEN-tRAvA-JOS-De-piN-TUra.
651-87-03
Como otros lectores consumados que no pueden
dejar de leer cualquier texto que encuentran, también
lo leí. Sobre la marcha compuse mentalmente la ortografía
yreflexionando sobre el trazo de las letras y la revoltura
de mayúsculas, minúsculas, estilos y tamaños,
comenté para mí misma que el autor del letrero
seguramente no escribía muy seguido y especulé
sobre su escasa escolaridad. Pensé que un hombre lo
había escrito, imaginando su ropa y su gorrita de papel
salpicadas de pintura. Todo esto ocurrió en unos escasos
segundos, el tiempo que le lleva a uno revisar un letrero
como éste.
Seguí mi camino, pero de repente me di cuenta que había
hecho varias lecturas a la vez:
• Primero, leí el mensaje y entendí
que el autor ofrecía sus servicios de pintor, dejando
a sus lectores un teléfono donde lo podían localizar.

• Después, reescribí mentalmente el recado,
“corrigiendo” sus usos no convencionales.
• Finalmente, y basándome en lo que veía, llegué
a ciertas conclusiones acerca del autor, su escolaridad, género,
aspecto físico y clase social.
Fue esta última lectura la que más
me inquietó ya que, pensándolo bien, me parecía
un poco atrevido llegar a conclusiones tan tajantes acerca
de una persona que yo nunca había visto sólo
porque tenía unas faltas de ortografía, letras
revueltas y guiones entre sus palabras. ¿Cómo
podía yo estar tan segura de tantas cosas? ¿Y
con qué derecho hacía tantas afirmaciones?
Esto fue a principios de los ochenta y sería hasta
algunos años después que yo aprendería
que no era la única que tenía estas preguntas.
En otras latitudes, antropólogos, sociolingüistas
y psicólogos sociales iniciaban una agenda de investigación
que buscaba contestar interrogantes muy similares a las mías.
Buscaban entender cómo se usa la lengua escrita, cómo
la construimos socialmente, qué valor tiene en diferentes
lugares y culturas y qué lugar ocupa en nuestras sociedades.
En el norte de África, en el sur de los Estados Unidos,
en Samoa e Irán, en las ciudades y en el campo, en
la escuela y fuera de ella, se estudiaban diferentes contextos
para conocer a la cultura escrita de cerca, para conocer quién
leía y escribía, para qué, con qué,
cuándo y cómo. Se investigaba lo que se hacía
cuando se leía y escribía, lo que la gente pensaba
acerca de lo que hacía y lo que pensaba que podría
ocurrir a partir de sus acciones. Es decir, se estudiaba a
la alfabetización como una práctica social.
(Kalman, J. 1999).
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