Muchos locales, principalmente los institucionales como los museos y los teatros, difícilmente son frecuentados por los alumnos de la educación de personas jóvenes y adultas si la escuela o la institución que los atiende no funge como intermediaria. Son espacios ajenos a los alumnos trabajadores, donde se confrontan con la propia exclusión. Es necesario que los museos y los espacios culturales sean desacralizados por los profesores para que los estudiantes puedan usufructuar el universo de encantamiento y de conocimiento que ocultan y para que tengan acceso al cultivo del gusto estético.
Las reflexiones que presentamos en estas páginas son fruto de una práctica educativa que tiene lugar en un curso de educación de jóvenes y adultos en Brasil llamado Supletivo Santa Cruz, perteneciente al Colegio Santa Cruz, una escuela particular que durante el día atiende a niños y adolescentes de la ciudad de São Paulo y por la noche abre sus puertas a alrededor de 450 estudiantes jóvenes y adultos pobres que atienden cursos gratuitos de alfabetización y enseñanza primaria y secundaria. Los alumnos son, en su mayoría, trabajadores migrantes de otros estados brasileños.
A lo largo de los más de 20 años que llevo trabajando como profesora de artes en el Colegio he coordinado numerosas salidas culturales de alumnos jóvenes y adultos a museos, teatros y espacios culturales. Estas actividades trascienden las cuatro paredes de los salones de clase y expresan una serie de valores culturales y sociales, incluidos aquellos relativos al ocio. El joven o adulto estudiante generalmente transforma una salida al museo en un gran acontecimiento: se viste con ropa bonita, toma fotografías, en resumen, asume una actitud festiva; todo ello revela que la persona está abriendo un espacio interior para el aprendizaje, que está dispuesta a disfrutar de esa experiencia compartida con sus colegas y profesores.
La experiencia estética
en la persona adulta
Al inicio del espectáculo creía que no me gustaría la música porque no la conocía. Pero la curiosidad hizo que me quedara allí. Comencé a poner mucha atención. Cuando me di cuenta, estaba encontrando la cosa más linda del mundo, porque eran unas mezclas de diferentes sonidos que hacían que la música se escuchara muy bonita. Me quedé emocionado con todo lo que vi, con todos aquellos sonidos, porque tenían una cosa hermosa, que hacía como que la gente se relajara. Eran unos sonidos que llegaban al interior de la gente […]. Ahora, si alguien me pregunta cuál tipo de música me gusta puedo incluir al jazz, porque es un tipo de música que sólo escuchándola te das cuenta de que es tan buena como lo estoy diciendo.
Adelvir (alumno de la EPJA)
Si las obras de arte tienen el poder de conmovernos tan profundamente es porque constituyen respuestas a una vida vivida. El alumnado adulto tiene un pasado que le permite entender y apreciar el cúmulo de humanidad que existe en la creación artística, y por eso podemos considerar que el goce estético se da asociado a la experiencia del sujeto, se genera a partir de sus motivaciones, sus creencias, sus saberes.