Actividades
Existen numerosos textos que detallan las características esenciales de los docentes que trabajan con adultos. Paradójicamente, no existe sino un puñado de trabajos que detallan la labor de docentes dentro de instituciones totales. Se ha tomado como base el texto citado anteriormente, para irlo completando con observaciones a partir de nuestra experiencia educativa en cárceles, y con la problematización de la educación en el encierro resultado de investigaciones anteriores publicadas por el primer autor de este trabajo. Asimismo, se consideran como puntos de partida los trabajos de la Jornada de Perfeccionamiento para Docentes de egba con sede en cárceles (La Plata, 2002), del I Encuentro de Educadores de Cárceles (2004) y del I Encuentro de Educadores en Cárceles del mercosur (2005).
El objetivo de este trabajo es dar cuenta de la complejidad del rol del educador en la cárcel, aunque es posible trasladar algunas de las características a la función del docente fuera de los muros.
Resultados
Presentamos primero un resumen de la multiplicidad de tareas, la diversidad de contextos, la complejidad de la intervención pedagógica misma y las implicaciones de todo ello para el educador como persona.
1. La multiplicidad de tareas: el docente
no solamente enseña
Los docentes en las escuelas con sede en cárceles manejan mucha documentación; reparten y hacen la merienda; reparten y consiguen ropa, revistas y diarios; se relacionan con el Servicio Penitenciario, ya sea con agentes afectados a la escuela, como con autoridades y profesionales, coordinando cuestiones operativas de la escuela; se relacionan con otros presos (encargados de cocina, limpieza, bibliotecarios, los que trabajan en tareas administrativas, etc); preparan actividades extraescolares (actividades culturales, deportivas, torneos y concursos literarios, etc); leen circulares efectuadas y comunicadas por la dirección de la escuela y de la rama educativa; corrigen cuadernos; confeccionan planillas para la escuela y el Servicio Penitenciario, certificados de todo tipo y legajos de alumnos; preparan actos escolares, elaboran informes educativos para juzgados y carteleras y revistas de uso interno; elaboran registros de asistencia, realizan relevamientos de matrícula en todos los pabellones de la unidad penal; elaboran proyectos áulicos o institucionales específicos ya sea por temáticas indicadas por las autoridades educativas o por proyectos emergentes de cada escuela y de los intereses de los alumnos; entre otras tareas.
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Fotografía: Lucas López |
2. La diversidad de contextos
El contexto de la escuela y de la cárcel está atravesado por escenarios singulares. Por ejemplo, el tratarse de una escuela oficial, el estar instalada en una cárcel, y la población que atiende. Esto último requiere tener en cuenta las necesidades y demandas educativas de los alumnos, su trayectoria educativa, social, cultural, comunicacional y laboral, así como las cuestiones referidas a su vinculación con la violencia, el delito y la exclusión social. En definitiva, el educador debe considerar una diversidad de derroteros referidos a una situación de vulnerabilidad social y cultural basada en la conculcación sistemática de derechos fundamentales. También se suma la característica de cada cárcel, si es de alta o mediana seguridad, si está ubicada en un medio urbano o rural, si está superpoblada, etc.
La organización de la escuela en este contexto de encierro implica la organización por turnos que dependen de cómo estén constituidos los pisos o pabellones (por ejemplo si son espacios destinados a personas evangelistas, homosexuales, refugiados, policías exonerados de las fuerzas o personas condenadas por violación, etc). La organización de ciclos agrupados o no, por aquellas necesidades y demandas educativas, como también por la relación entre los mismos encarcelados (sus códigos particulares en su condición contextual) hace que un preso que está detenido por determinada razón no se junte o no comparta el aula con otro que ha cometido un delito diferente, o se lo margine dentro del aula y hasta dentro de la escuela. No hay que olvidar que no solamente hay personas encarceladas varones, sino también otros colectivos que se encuentran aún más sometidos a situaciones de vulnerabilidad, como es el caso de niños, adolescentes, mujeres, extranjeros y/o migrantes, homosexuales y lesbianas, personas con capacidades motrices y mentales diferentes, valetudinarios, enfermos terminales y drogodependientes, etc.