No. 15
Septiembre - Diciembre
2006

SABERES PARA LA ACCIÓN EN EDUCACIÓN DE ADULTOS

   

A partir de estos ejercicios las historias comenzaron a fluir. En cada sesión los participantes compartían sus experiencias de vida: Don Tomás, de 70 años, un narrador muy expresivo, contó la siguiente historia de su infancia en el campo:

 

[…] estaba junto a un matorral, hecho bolita, escuchando aquel sonido que se acercaba cada vez más a mí… Ahora ya distinguía que eran unos pasos lentos, algo se me estaba acercando, de pronto me di cuenta que aquel animal, o lo que fuera, se había parado justo frente a mí, escuché su respiración y con mucho miedo levanté la cabeza muy lentamente, y lo que descubrí no fue a una serpiente. Era un venadito. El venadito se acercó más y más a mi rostro, pude sentir su naricita mojada en mi cara, como si me hubiera dado un beso […]


Mi crecimiento fue muy triste

A los dos meses de que inició el taller, Don Magdaleno, de 71 años, decidió por primera vez contar a sus compañeros una historia de su infancia. Mientras narraba utilizaba como personajes unas escobetillas que se habían dejado sobre la mesa. Pude observar claramente su intención de darle vida a las escobetillas y transformarlas en los personajes de su historia. A través de la escoba más pequeña, que lo representaba a él siendo un niño, el participante recreó maltratos, soledad, tristeza y abandono.

Cuando Magdaleno terminó su narración reflexionamos sobre la historia y comenzamos a imaginar cómo se podría representar con títeres de mesa. Dado que el relato había resultado muy fuerte y conmovedor para el grupo, pero especialmente para el narrador, se requería una actividad que relajara a todos los participantes; así, procedimos a analizar juntos las características narrativas del participante, por ejemplo: el manejo de los títeres, su volumen de voz, su trabajo gestual y corporal. Le pregunté si le gustaría compartir su historia en una presentación con público, a lo cual accedió. Cuando invité a los hombres del grupo que no habían elaborado títeres a que se integraran en esta narración, Don Magdaleno se levantó decidido y se dirigió a la mesa donde estaban los materiales. Inmediatamente después lo siguieron los demás, con cierta timidez. Finalmente todos se sentaron juntos alrededor de la mesa y mientras Magdaleno contaba detalles de su historia a sus compañeros, establecían acuerdos de cómo repartir los personajes de la historia.

Fue emocionante observar a hombres de entre 70 y 80 años tomando trozos de tela, pequeños sombreros y estambres para confeccionar sus títeres con alegría y entusiasmo. Algunas mujeres se acercaron al equipo y apoyaron a sus compañeros, bromeando con ellos y ayudándoles a ensartar las agujas.

Es importante mencionar que en el trabajo de grupo cada participante juega un papel distinto pero todos tienen, de una u otra manera, una participación activa en cada momento: mientras alguien relata su historia los espectadores se involucran emocionalmente con lo que están escuchando, se angustian por el destino de los personajes o recuerdan experiencias similares y las comparten con los compañeros que tienen cerca. Algunos se divierten observando a sus compañeros manejar las escobas como personajes que recrean sus historias.

Otros guardan absoluto silencio y escuchan con atención y asombro a los narradores.

 

Ese títere se parece a ti…

En el taller se optó por títeres de mesa, dado que esta técnica no exige a los titiriteros tener los brazos en alto, como es el caso de los títeres de guante o guiñoles. Para confeccionar los títeres utilizamos como base escobas de tule, sin eje. Los brazos y las piernas se hicieron separando varias tiras de tule y atándolas con un cordel de tela de manta. Algunos participantes decidieron trenzar el tule para darle mejor forma y movilidad a los brazos. Varios elaboraron la cabeza con manta, sobre la cual pintaron o bordaron el rostro; otros simplemente colocaron sobre la parte alta de la escoba trozos de tela para representar ojos y boca. Durante la confección de sus muñecos, la mayoría de los participantes se encontraban relajados y bromeaban sobre los detalles de sus personajes, las similitudes entre ellos y sus muñecos, el tipo de ojos, el cabello, las telas de la ropa, etc.

 
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