Historia del deporte adaptado
El primer registro de deporte adaptado se remonta a 1847, cuando un austriaco de apellido Klein editó un libro llamado "Gimnasia para ciegos”. Entre 1888 y 1900 se llevó a cabo en Alemania el Primer Programa de Deportes para Sordos y en 1922 se fundó el Comité de Deportes para Sordos en Holanda, así como el primer club de motociclistas discapacitados. Posteriormente, en 1924, la Comunidad Internacional de Personas Invidentes acudió a París para las competencias que se llevaron a cabo a la par de los Juegos Olímpicos disputados en esa ciudad.
Sin embargo, el auge del deporte adaptado no se dio sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Debido a la gran cantidad de afectados que sobrevivieron a la guerra (principalmente lesionados medulares y amputados), en 1946 el Dr. Ludwig Guttman, neurólogo y neurocirujano del Hospital de Lesionados Medulares de la ciudad de Stoke Mandeville (Inglaterra), introdujo por primera vez el deporte en silla de ruedas. Lo que Guttman buscaba en un principio era propiciar el bienestar psicológico y el buen uso del tiempo libre del paciente. Posteriormente se dio cuenta que la disciplina deportiva influía positivamente también en el sistema neuromuscular y ayudaba a la reinserción de la persona en la sociedad.
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Las actividades impulsadas por Guttman comenzaron con el tiro con arco, el básquetbol en silla y el atletismo, para luego continuar con muchos otros deportes hasta llegar a implantar en 1960 la halterofilia (levantamiento de pesas). En 1948 se llevaron a cabo los primeros juegos nacionales en silla de ruedas en Stoke Mandeville, de manera simultánea a los Juegos Olímpicos en Londres.
Al mismo tiempo, en Estados Unidos el básquetbol en silla de ruedas se desarrollaba con furor. El equipo "Flying Wheels" (Ruedas Voladoras) de California realizó una serie de presentaciones en su país y gracias al impacto que causó, en 1949 se realizó el Primer Torneo Nacional, a partir del cual se conformó la National Wheelchair Basketball Association (NWBA). |
En 1952 se integró Holanda a los Juegos de Stoke Mandeville, y debido al interés creado y a la incorporación de varios deportistas cada año, actividades como el lanzamiento de bala y de disco, el básquetbol, la esgrima, el levantamiento de pesas, el tiro con arco, los bolos, la carrera de velocidad, la natación, el tenis de mesa y el pentatlón debieron ser reglamentadas y adaptadas para su práctica en silla de ruedas.
El trabajo de Guttman, quien gracias a su labor fue nombrado Caballero por la Reina Isabel de Inglaterra, comenzaba a rendir sus frutos a nivel mundial, pues en 1960, en Roma, se disputaron los primeros Juegos Olímpicos sobre silla de ruedas (después rebautizados como Paralímpicos) a continuación de los Juegos Olímpicos.
Así, el deporte adaptado creció año tras año, y con ello varios países lo fueron incluyendo como una forma de rehabilitación para sus pacientes.
Al igual que los Juegos Olímpicos, los Juegos Paralímpicos hicieron su aparición cada cuatro años, y en cada evento el número de naciones y atletas participantes fue en aumento. En Roma sólo participaron parapléjicos que practicaban deportes sobre silla de ruedas; para 1976, en Toronto, se permitió por primera vez que compitieran deportistas amputados y con deficiencia visual y en 1980 en Arnhem (Holanda), se incorporaron personas afectadas por parálisis cerebral y les autres (los “otros”, en francés), es decir, aquellos atletas con discapacidad que no encuadran en ninguno de los grupos anteriores.
En los últimos Juegos Paralímpicos realizados en Atenas, en 2004, hubo seis mil participantes (cuatro mil deportistas y dos mil guías y asistentes) representando a 146 países. Se practicaron 19 disciplinas deportivas, 16 de las cuales son compartidas por los Juegos Olímpicos y tres son exclusivas de los Juegos Paralímpicos: boccia (similar a los bolos), golbol (un deporte para atletas con disminución visual) y quadrugby (rugby en silla de ruedas).
El surgimiento del deporte adaptado en Latinoamérica tuvo lugar en la década de los años cincuenta como consecuencia de la epidemia de poliomielitis que azotó a esta región. Fue en esta década cuando la discapacidad adquirió otra dimensión, debido a que estos países se encontraron con una gran cantidad de personas con discapacidad, casi en la misma dimensión que en una posguerra, con la gran diferencia que en esta ocasión eran niños.
Argentina no sería la excepción. Con las epidemias de esa enfermedad acaecidas en 1956 y 1957 se creó la infraestructura necesaria para combatir y sobrellevar la problemática de la población afectada. A raíz de esto comenzaron las actividades para personas con discapacidad en nuestro país, entre ellas el deporte adaptado.
El Instituto Marcelo J. Fitte fue la primera institución argentina en trabajar con deportistas en silla. Los profesores Héctor Ramírez y Héctor Moguilevsky fueron sus precursores, y los deportes que se practicaron fueron básquetbol, atletismo y natación. Argentina participó en los Primeros Juegos Paralímpicos en 1960, obteniendo cinco medallas (tres de plata y dos de bronce) en natación, siendo el único país latinoamericano del total de 23 que integraron la nómina.
Desde los Juegos de Roma hasta los de Atenas, Argentina ha obtenido 79 medallas en las competencias paralímpicas, algo digno de destacar, sobre todo si consideramos el poco apoyo económico que tienen los deportistas con discapacidad en nuestro país, el escaso nivel de competencias internacionales entre cada Paralimpiada y la desventaja con otros países en cuanto al nivel de desarrollo de las diferentes disciplinas, entre otras cosas.