Son vivencias-experiencias más ligadas
al desarrollo de la afectividad humana las de sensibilización,
contemplación y expresión, y son vivencias-experiencias
más ligadas al desarrollo del entendimiento o la cognición
humana las de apreciación y creación, sin entender
por ello la incompatibilidad de unas con respecto a las otras,
sino una necesaria suerte de acuerdos y confidencias mutuas.
Así, las vivencias artísticas invitan a la
conciencia de quienes las viven con reflexión a expandirse
y a contraerse -sensibilidad y cognición- y en estos
dos movimientos la centran, la equilibran sin saturarle,
siempre a niveles superiores de entendimiento y cuestionamiento.
En este sentido, desde una perspectiva pedagógica,
estas vivencias artísticas son recursos didácticos
que, bien trabajados por los animadores de grupos de la
tercera edad, pueden contribuir a que los adultos mayores
adquieran experiencias de vida que les ayuden a percibir,
a expresar y a estar en su vejez con armonía presente
y con plenitud perenne.
El adulto mayor ante la reflexión
de las vivencias artísticas
De cómo se trabajen las vivencias en el transcurso
de la vida depende el crecimiento de la conciencia. Hay
vivencias que jamás llegan a ser experiencias de
vida. Hay sensaciones que se abandonan en alguna parte del
tiempo. Pero hay también sensaciones que, en virtud
de la reflexión de la que son objeto, se convierten
en experiencias de vida.
Una sensación, una emoción, un pensamiento,
un dolor, una añoranza, una felicidad sin reflexión
-sin luz- es una sensación, una emoción, un
pensamiento, un dolor, una añoranza y una felicidad
inerte, muerta, sin arte, sin posibilidad de movimiento,
sin posibilidad de ascender: se repite a sí misma,
quedando atrapada en el primer peldaño de la espiral
de la vida.
La falta de reflexión sobre una vivencia, sobre
una sensación, construye una “conciencia” simple
que forma y obtiene al mismo tiempo una visión simple,
pobre e ingenua del mundo. Una visión que niega,
porque no tiene cómo percibirla, la hermosa complejidad
armónica que habita en el mundo y de la cual el propio
ser humano es producto.
Por fortuna existe dentro del ser humano una tensión
reflexiva imbatible desde que nace hasta que muere. Es esta
tensión reflexiva la que permite resignificar emociones
y vivencias para convertirlas en experiencias de vida, experiencias
que permiten construir peldaños siempre más
fuertes para admirar la vida a mayores alturas.
Así, el adulto mayor es portador de numerosas experiencias
que le han servido para hacer la vida; si bien su tiempo
de estancia en la tierra, en el mundo material, se agota,
no así (a excepción de personas con enfermedades
mentales) su tensión imbatible de reflexión.
La vejez como etapa natural del desarrollo humano guarda
en sí misma numerosas emociones sobre las cuales
a menudo el adulto mayor, por estar pendiente sólo
de lo que se agota en él, no reflexiona, no arroja
luz. Estas emociones permanecen junto a él enjauladas
en la celda de la oscuridad, en la celda de la soledad,
dando vueltas y vueltas sobre sí mismas hasta consumirse.
Orientaciones conceptuales y metodológicas para
una pedagogía de las vivencias artísticas
en grupos de la tercera edad
En este contexto de ideas podemos orientar el trabajo con
adultos mayores para ofrecerles experiencias de vida vinculadas
con las vivencias artísticas de sensibilización,
contemplación y apreciación de obras de arte
y expresión y creación de su propia sensibilidad
artística.
Para ello es necesario que los “animadores” de grupos
de la tercera edad se acerquen a una formación conceptual
y metodológica que les permita una mejor comprensión
de las ideas desarrolladas arriba.
En las líneas que siguen abordaré brevemente
los conceptos de sensibilización, contemplación,
apreciación, expresión y creación como
aspectos conceptuales, y los conceptos de mediación
y de reflexión como aspectos metodológicos.