No. 12
Septiembre - Diciembre
Año 2005

SABERES PARA LA ACCIÓN EN EDUCACIÓN DE ADULTOS

   


Por otra parte las elecciones (entiéndase experiencias de vida) que la conciencia humana en términos genéricos ha hecho para expandirse y contraerse y así desarrollarse hasta alcanzar la trascendencia, parecieran estar determinadas por la misma herencia evolutiva del ser humano a partir de las actitudes de alerta, curiosidad y de apertura perceptiva ante lo desconocido.

Así, bien puede ser que la primera elección perceptiva -experiencia conciente- que haya hecho el ser humano sea el reconocimiento de la mirada del otro, enfrentando en ella el nacimiento y la conciencia misma de su individualidad, pero también, en ella, de su soledad. Igual puede ser que otra de las primeras elecciones haya sido la percepción de la belleza, como algo que evoca protección y paz ante lo desconocido y ante la adversidad. La belleza denuncia la armonía cósmica e inalterable del universo entero.

Llámese individualidad o percepción de la belleza cósmica, no hay que olvidar que toda vivencia de vida es fugaz y está atrapada en la momentaneidad de la relación tiempo y espacio que la contiene. No obstante esta momentaneidad de la vivencia, la reflexión de la conciencia sobre ella, cualquiera que ésta sea, permite, utilizando como contenido a la experiencia, la creación de obras que por su naturaleza atemporal trascienden la momentaneidad.

Entendemos así que toda vivencia que se convierte en experiencia de vida incrustada en la conciencia otorga al ser humano nuevas posibilidades de percibir, conocer, entender, interpretar y recrear los múltiples estados visibles e invisibles de la materia con la que el universo está hecho, y cuyo fin último es la trascendencia.

Así, sólo se trasciende la momentaneidad en la reflexión y en la flexión. Cualquier proceso mental o cognitivo es casi entendible como una suerte de movimiento mental en virtud del cual la vivencia, atrapada en su momentaneidad, se convierte en experiencia de vida conciente, gestadora de posibilidades de comprensión y de transformación y por tanto de obra, misma que se convierte en instrumento del pensamiento porque resignifica la individualidad y la soledad, resignifica la belleza y lo amoroso, la miseria y el gozo y todas las vivencias y emociones para elevarlas al terreno de lo imaginario y por tanto indestructible ante el paso del tiempo.

El arte como un lenguaje específico de expresión,
contención y formación de las vivencias y experiencias de vida

El arte, analizado desde la perspectiva del proceso que lo genera, es un proceso de la conciencia, de la conciencia que reflexiona sobre las multiformas en las que la materia física y espiritual se manifiesta y se trasforma. Entendido así, el arte es un proceso que crea y da estructura, armonía y ritmo a los mundos posibles que la conciencia humana, en su evolución, expansión y contracción, a partir de la reflexión sobre sus vivencias, puede anticipar. Nace así la obra de arte.

Puede entonces pensarse en que el acercamiento a la obra de arte permite, al ser humano que la contempla, al que la padece y al que la crea, el encuentro y la expresión universal con y de sus mundos interiores posibles y, como tales, con sus estados de conciencia en armonía, derivados de la reflexión de sus vivencias de vida.

Bajo este prisma las obras de arte son la continuidad equilibrada y tangible de las experiencias de vida más allá de la momentaneidad, más allá de un tiempo que se agota día a día. Las obras de arte simbolizan así la trascendencia del pensamiento humano universal.

Ahora bien, si se buscara un hilo conductor entre estos dos aspectos que he desarrollado brevemente, por una parte la reflexión sobre las vivencias-experiencias de vida, como motor intrínseco de la expansión, contracción, crecimiento y trascendencia de la conciencia humana, y por la otra el arte como expresión tangible en tanto proceso y en tanto producto de los estados universales de la conciencia develados por las vivencias, lo que nos faltaría sería encontrar un medio que las vincule. Derivamos así en lo que he denominado una vivencia artística.

Son vivencias artísticas la sensibilización, cuyo aprendizaje o experiencia posible es el uso pleno de todos los sentidos humanos incluyendo el llamado sexto sentido; la contemplación, cuyo aprendizaje o experiencia posible es valorar la apertura de los sentidos; la expresión, cuyo aprendizaje o experiencia posible reside en aprehender los propios mundos, a veces ocultos a la conciencia de la propia imaginación o de las maneras de darle sentido propio, resignificando lo que nos acontece a diario; la apreciación, cuyo aprendizaje o experiencia posible es reflexionar y comprender conceptual y técnicamente las diferentes formas de expresión o de resignificación de las vivencias-experiencias humanas universales (el amor, la guerra, el placer, la partencia, el dolor, la paz), lo invisible a los sentidos conocidos pero presente en algún otro lugar del tiempo y del espacio; y, finalmente, la creación propiamente dicha. Ésta es la más elevada vivencia artística, en tanto que unifica sensibilidad, contemplación, expresión y apreciación. El aprendizaje o experiencia posible de esta vivencia consiste en entender que se tiene el poder para construir puentes perennes entre lo que se sueña ser y lo que se es, entre lo que se percibe y lo que se imagina. La creación permite al espíritu humano aprender una forma de acceder a su propia elevación o trascendencia a través de sus producciones concretas.

 
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