Venezuela: Colegio durante el día, misiones a la noche
por Rosa María Torres
Misión Robinson y Misión Ribas. Visita al Centro de Educación de Adultos “Padre Mendoza”, Parroquia El Valle, Caracas (29 junio, 2006).
He venido a visitar este plantel sin previo aviso, sin permiso ni acompañantes oficiales. Mediante consulta telefónica, una funcionaria del Ministerio de Educación me informó sobre centros educativos en Caracas en los que pueden verse funcionando la Misión Robinson (Robinson I, ‘Yo Sí Puedo’: alfabetización; y Robinson II, ‘Yo Sí Puedo Seguir’: terminación del sexto grado de educación básica) y la Misión Ribas (terminación del bachillerato).
He invitado a acompañarme en la visita a Aníbal, del Instituto Radiofónico ‘Fe y Alegría’ (IRFA) de Venezuela.
Se trata de un colegio tradicional de Caracas, fundado en los 60, ubicado en la Parroquia El Valle. Un edificio amplio, bien mantenido, de dos plantas, que –al igual que muchos otros planteles educativos en Caracas y en el resto del país– funciona actualmente como colegio regular durante el día y como centro de educación de adultos (CEA) por la noche. Esto –el pleno aprovechamiento de los planteles escolares y su apertura a las necesidades educativas de la comunidad, especialmente en países con muchas necesidades como los nuestros– es una vieja aspiración de todo pedagogo que se precie.
Llueve. Mientras esperamos protegidos bajo el alero de la entrada, observo la interminable hilera de personas que van llegando, en transporte colectivo y a pie: jóvenes y adultos, hombres y mujeres, de todas las edades. Lo que los une es el deseo de estudiar, de progresar, de aprovechar esta oportunidad que se les ofrece. Unos vienen a aprender a leer y escribir, otros a completar su primaria, otros a lograr el sueño de un diploma de bachillerato.
En la entrada encontramos al rector del colegio y a algunos profesores que se van juntando. Ingreso al edificio explicando que soy una educadora e investigadora ecuatoriana interesada en ver cómo funcionan las Misiones en Venezuela.
En particular, me interesaba ver en funcionamiento la Misión Robinson (llamada así en honor al maestro de Simón Bolívar, Simón Rodríguez, quien adoptó el seudónimo Robinson), lanzada el 1º de julio de 2003 por el gobierno venezolano a escala masiva, con la meta de alfabetizar a un millón de personas en el lapso de un año, y al término de la cual (2005) Venezuela fue declarada “Territorio Libre de Analfabetismo”. No obstante, la alfabetización continúa, ahora como primer nivel de otros niveles educativos que se han venido agregando a través de nuevas Misiones educativas.
Precisamente, el método cubano “Yo Sí Puedo” (videoclases transmitidas con ayuda de un televisor y un aparato VHS, y con apoyo de un facilitador presencial) se estrenó en Venezuela con la Misión Robinson, para luego extenderse a otros países de la región. Posteriormente, según datos oficiales, 622 511 personas continuaron con el “Yo Sí Puedo Seguir” (breve período de sostenimiento y consolidación de la alfabetización) y 61% de los graduados en la Misión Robinson I continuaron estudiando en la Misión Robinson II (culminación del sexto grado, en 10 meses). Asimismo, se distribuyó de manera gratuita un material con 22 lecturas titulado “Ya Puedo Leer” y un millón de Bibliotecas Familiares (colección de 25 títulos de literatura nacional e internacional) a todos quienes participaron en el plan de alfabetización.
Una clase de alfabetización sin video
Las clases empiezan regularmente a las 6 de la tarde pero hoy, con la lluvia, todo anda retrasado. Empezamos visitando, en la planta baja, un aula de la Misión Robinson I (alfabetización). Adentro encontramos al facilitador y a dos alumnas. Tres más llegan enseguida. Veinte son las personas inscritas.
—“La lluvia nos espantó a todos”, justifica el facilitador.
Y anuncia, acto seguido, que hoy no usará el video en la clase. ¿Por qué? Porque los televisores y el VHS están guardados en una bodega en el segundo piso. Los bajan y suben todos los días, por las escaleras, y hoy sólo han venido alumnas mujeres. Cuando no vienen alumnos hombres, que son pocos, no hay video, la clase pasa a ser presencial.
En los minutos siguientes veremos cómo este facilitador se da modos para dictar una clase convencional, prescindiendo del sistema audiovisual para el que está preparado todo, incluido él mismo. Cosas que suceden cuando fallan las tecnologías o las condiciones previstas para utilizarlas…
Lección de geografía: la luna
En el segundo piso funcionan las aulas de la Misión Ribas, iniciada en noviembre de 2003 y la cual opera también con base en teleclases elaboradas en Cuba. La enseñanza se divide en dos niveles: Primer Nivel, o Básico, que comprende desde el 7º hasta el 9º grados, y el Ciclo Medio-Diversificado, que abarca 4º y 5º año de bachillerato.
Nos asomamos al aula que encontramos junto a las escaleras. El facilitador –un muchacho joven– nos invita a entrar y a ubicarnos en la fila de atrás. No parece acostumbrado a las visitas, pero tampoco parece sentirse incómodo en nuestra presencia. Quizás porque, al fin y al cabo, la clase no la dicta él sino el video.
El televisor y el VHS están colocados sobre el escritorio del profesor. A un costado están las cajas de cartón en las que diariamente se meten y sacan televisor y VHS y se transportan desde y hacia la bodega, en ese mismo piso. Un carro con ruedas, también a la vista y – según sabremos luego– elaborado por los alumnos en el propio centro, facilita esta penosa tarea diaria de transporte.
Hay 13 alumnos presentes, la mayoría jóvenes entre 15 y 20 años, vestidos a la moda, llenos de pulseras y collares, gorras hacia atrás, uno que otro tatuaje, piercings, celular en mano algunos de ellos. No hay personas mayores, sólo dos señoras también jóvenes. Conversando con estos muchachos y muchachas después de la clase, sabremos que varios de ellos son repitentes y/o han sido expulsados de sus colegios. Vienen a la Misión Ribas buscando continuar y completar aquí sus estudios secundarios, después de haber sido desahuciados y expulsados por el sistema escolar tradicional.
Hoy toca geografía. La lección se refiere a la luna. En la pantalla vemos el siguiente texto:
“El mayor cráter lunar es Bailly, con 295 km. de diámetro y 3 960 metros de profundidad”.
“A fines del año 1996 un grupo de científicos anunciaron la posible existencia de hielo en la cara oscura de la Luna”.
Mientras observo a los alumnos copiar estos textos, sin una pizca de interés, me pregunto qué relevancia tiene saber el nombre, diámetro y profundidad de un cráter en la luna, y la posible – ni siquiera confirmada– existencia de hielo en su cara oscura. ¿Es éste el conocimiento más actualizado que existe sobre la luna, una década después? Una búsqueda curiosa en Internet, esa misma noche, me descubre decenas de sitios en la web dedicados al conocimiento del sistema solar, y de la luna específicamente, con información variada e interesante, incluidas fotos, mapas y gráficos de alta calidad. Ahí me entero que la luna tiene cerca de 3 billones de cráteres de más de 1 m. de diámetro. ¡Eso sí que llama la atención! La información sobre la misión científica ha sido tomada de http://www.todoelsistemasolar.com.ar/luna.htm donde se lee: “A finales de 1996, un grupo de científicos estadounidenses anunció el descubrimiento de la posible existencia de hielo (probablemente agua helada) en un cráter de la cara oscura de la Luna”. Si es para fines de información, ¿no sería mejor apoyarse en la computadora y la Internet antes que en el video?
La calidad didáctica del video deja mucho que desear. El color marrón-mostaza del fondo es una mala elección desde el punto de vista visual, pues reduce antes que realza el contraste con el color negro de los textos. Tampoco el tipo de letra utilizado es el más adecuado. El gráfico de la luna se ve borroso.
–“Profe, ¿qué tenemos que hacer con el gráfico? ¿Lo dibujamos?”, pregunta una de las dos señoras.
—“Bueno”, dice el profe, y procede a detener el video.
—“¿Por qué está tan borroso el gráfico?”, me animo a preguntar.
— “Es que éste ya es el cuarto curso, el video se gasta de tanto uso”, explica el profe.
Problema –pienso– que podría resolverse mejor si en lugar del sistema VHS –ya en desuso– se usara el DVD, que ofrece mayor calidad y se degrada menos rápidamente con el correr del tiempo y con el uso…
Dibujado el gráfico en los respectivos cuadernos, vuelve a correr el video. Ahora aparece en la pantalla el siguiente ejercicio:
ACTIVIDAD INDEPENDIENTE
Dibuja y nombra en tu libreta
las fases de la luna
La muchacha sentada delante de mi pupitre empieza a dibujar en su cuaderno las siluetas de la luna en sus diversas fases, valiéndose de la tapa de un frasco que saca de su cartera.
Nos retiramos de esta clase cuando los alumnos se aprestan a copiar este nuevo dibujo. Es evidente que no pasará mucho más aquí.
Una clase de inglés
Pedimos permiso para entrar en otra aula, donde nos encontramos con una clase de Inglés. Nuevamente, pocas personas presentes, la mayoría jóvenes. El video está corriendo y muestra un diálogo entre un hombre y una vendedora. El hombre está tratando de comprar un regalo para su esposa. Enseguida, aparece en la pantalla un ejercicio de respuesta múltiple destinado a verificar la comprensión del diálogo:
In the video, the person wants to buy:
– a house
– some sweets
– a present for his wife
Choose the correct item according to the conversation.
Un alumno pide al facilitador si puede regresar el video, para escuchar nuevamente el diálogo. Dirigiéndose a mí, el facilitador siente la necesidad de explicar:
—“El video va muy rápido, el diálogo va muy rápido, no se entiende muy bien”.
Así es. Imagen y audio son deficientes.
La clase termina. Queda la duda de si con este video se puede efectivamente aprender inglés…
La bodega del segundo piso
Vamos a visitar la bodega y nos encontramos allí con la persona encargada y con el coordinador de las Misiones en este plantel.
La bodega, antes un aula del colegio, ha sido especialmente habilitada para las Misiones, a fin de guardar allí los televisores y VHS, los casetes de video y demás materiales que se utilizan en las clases de las Misiones. La puerta de madera ha sido sustituida por una puerta blindada. Todo esto a raíz de dos robos consecutivos, uno a la medianoche y otro en pleno día, en los que los ladrones forzaron puertas y candados y se llevaron todos los equipos, recién adquiridos.
Hubo que comprar todo de nuevo y tomar estas medidas. Robos y medidas similares se están dando en otros centros donde funcionan las Misiones. El tema seguridad es clave –y costoso– cuando se trata de distribución y uso masivos de equipos y aparatos como televisores, videocaseteras, computadores, etc. No obstante, suele desestimarse o subestimarse al optar por modalidades educativas basadas en las tecnologías, y al presupuestar sus costos.
Televisores y VHS sólo se utilizan en la noche, en las clases de los adultos, no en el funcionamiento regular del colegio. ¿Por qué no se dejan los televisores en las aulas, apertrechados contra la pared, en lugar de transportarlos y guardarlos todas las noches? La pregunta la hemos hecho ya en otras visitas, dentro y fuera de Venezuela, sin haber obtenido explicaciones claras o congruentes. Más allá de las tecnologías y las razones de seguridad, aquí entra evidentemente en juego el tradicional autismo del sistema escolar y su incapacidad para acoger e integrar lo nuevo, el “mundo exterior”, y especialmente el mundo de la educación no-formal y de adultos.
El tema de la seguridad ha complicado enormemente la organización de las clases en las Misiones. En este caso, implica ahora llevar y traer todos los días los aparatos a y desde las aulas. Los más afectados son los grupos que estudian en el primer piso. El problema se agranda dado el gran tamaño (y consecuente peso) de los televisores, que han sido adquiridos atendiendo a las dificultades de visión de muchas personas y al número de alumnos en cada grupo. Un ejemplo de cómo una decisión correcta desde la perspectiva pedagógica, puede en cambio comprometer los aspectos logísticos.
—¿Por qué ubicaron la clase de alfabetización en la planta baja, conociendo estas dificultades?, pregunto.
La explicación me toma por sorpresa. En la clase de alfabetización hay una persona que viene a estudiar en silla de ruedas, no puede subir ni bajar gradas. Sus compañeros y compañeras de clase decidieron quedarse en un aula en la planta baja, y asumir la dificultad de bajar y subir diariamente el televisor. Un ejemplo de solidaridad que, de no mediar la pregunta, puede interpretarse rápida y equivocadamente como un acto de discriminación.
Un bombero coordinador de las Misiones
en el centro
Entrados en confianza y en calor, el coordinador de las Misiones en el centro va abriéndose a la conversación. Se llama Oswaldo, es bombero, vino aquí inicialmente como alumno, se graduó y hoy es el coordinador. Sigue siendo bombero durante el día, en un recinto cercano, y coordinador de este centro por las noches. No es necesario que lo diga; se lo ve apasionado con este trabajo, comprometido en cuerpo y alma. Da gusto ver a un bombero convertido en administrador y organizador de un espacio de aprendizaje para jóvenes y adultos, aprendiendo él mismo en su función y agrandándose como persona.
Le pregunto cuáles son algunos de los aprendizajes y rectificaciones más importantes en estos tres años de Misiones. Menciona, inmediatamente, el tema de los subsidios y las becas. Al inicio, toda persona que quería estudiar recibía una beca, a fin de permitirle liberar tiempo para el estudio. Medidas similares se han tomado, de hecho, en otros países latinoamericanos que hemos visitado, como Argentina y México. En el caso venezolano, la beca equivalía a un salario mínimo (180 mil bolívares, un poco más de 80 dólares).
También se otorgaron bolsas de comida (pan, arroz, café, leche, pasta) como estímulo para que las personas se inscribieran. A los facilitadores, asimismo, se les dio una ayuda mensual de 160 mil bolívares (84 dólares). Todo esto contribuyó, obviamente, a la capacidad de la Misión Robinson para movilizar a cientos de miles de personas hacia el estudio. No obstante, todo esto dio pie también a muchas distorsiones y abusos.
—Había personas que venían, se inscribían, recibían el dinero y nunca más asomaban. O se presentaban al final, dice Oswaldo.
Hoy, con base en la experiencia, las reglas han cambiado. No todos reciben una beca. Cada centro recibe un número determinado de becas que deben distribuirse entre los alumnos de todo el centro. ¿Cómo se distribuyen y quién decide? Cada grupo de alumnos decide quiénes merecen la beca, teniendo en cuenta no sólo sus limitaciones socio-económicas sino también su nivel de compromiso y su desempeño en el estudio. Una decisión democrática y solidaria acompañada, así, de vigilancia colectiva.
Algunas lecciones de esta visita
Hemos estado en este centro cerca de cuatro horas. Al salir, registro en mi cuaderno cinco lecciones principales que me ha dejado esta visita:
- Quienes dicen –y me han dicho aquí en Venezuela– que es imposible visitar y ver las Misiones en operación, que hay secrecía oficial, no lo han intentado realmente. El gobierno está en su derecho de vigilar por la seguridad de los centros y de las personas, de hacer preguntas a quienes desean ingresar, de pedirles un documento de identidad, sean extranjeros o nacionales. Si la visita se hace de manera respetuosa y con objetivos claros y transparentes, las puertas pueden estar abiertas.
- Ni todo es maravilloso ni todo es defectuoso en estas Misiones. Y esto es mucho decir en un país hoy polarizado como Venezuela, que exige alineaciones entre dos posturas, que encuentra difícil reconocer la complejidad, las contradicciones, los matices. Hay aspectos positivos y negativos, y es preciso reconocer ambos. Las Misiones educativas –Robinson, Ribas, Sucre– han alentado y abierto oportunidades sin precedentes a miles de jóvenes y adultos que desean empezar o continuar sus estudios, y eso es loable en éste o en cualquier otro país.
- La crítica es siempre difícil de aceptar y de digerir, para cualquiera. Pero ésta es posible en un marco de confianza y respeto mutuos, en el que la pregunta sirva para aprender, dé pie a la conversación y deje de ser simplemente un mecanismo de arrinconamiento y deslegitimación.
- Un bombero, un hombre y una mujer comunes, pueden mostrar ser seres humanos extraordinarios si sólo se les ofrecen las condiciones y la responsabilidad para demostrarlo.
- Preguntar es esencial para saber, para conocer, para desprejuiciarnos. ¿Por qué suponer, cuando está a la mano la posibilidad de preguntar?