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  REVISTA INTERAMERICANA DE EDUCACIÓN DE ADULTOS
 
 
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Comprender al mundo para la libertad
 
por Arturo Sáenz Ferral

Freire, Paulo, Pedagogía de la tolerancia, FCE – CREFAL, México, 2006, 334 p.

Deseo expresar mi sincero y profundo agradecimiento a las personas que amablemente me invitaron para participar en la presentación del libro compilado por Ana Maria Araújo Freire, familiarmente conocida entre las y los educadores como Nita Freire; a las autoridades del CREFAL y, por supuesto, a la editorial Fondo de Cultura Económica, muchas gracias.

Hace nueve días, el 11 de marzo, se cumplieron tres años desde que Nita decidió llamar, “nombrar” a este conjunto de escritos “Pedagogía de la tolerancia”. Nos reunimos aquí hoy para celebrar, reafirmar, ratificar, practicar, reflexionar, re-conocer la enseñanza que Paulo nos dejó: Hacer siempre una lectura del mundo con los oprimidos, para la libertad, en la esperanza y desde la educación, como un acto político. Y, sobre todo, recordarlo como un hombre que amó profundamente al mundo y a las personas.

Presentar un libro no siempre es sencillo, y menos cuando se trata de una obra de Paulo Freire, porque se corren diversos riesgos: soslayar aspectos importantes del texto, incurrir inconscientemente sólo en exaltar al autor, repetir lo que otros comentaristas han expuesto, así como referirse a la obra de manera superficial y con ello demeritar los aportes contenidos en el trabajo. Sin embargo, arriesgarse ha sido siempre una de las condiciones planteadas por Freire en esa larga práctica orientada a generar conocimiento.

Expuesta la anterior consideración, comienzo por destacar un especial reconocimiento a Nita Freire por el esfuerzo, empeño y paciencia invertidos para depositar en nuestras manos un nuevo aporte que va más allá del campo de la pedagogía, como fue siempre lo producido por Freire, para situarnos en una lectura y reflexión crítica de la realidad contemporánea. Lectura y reflexión triplemente importante porque se realiza desde la mirada de la mujer que acompañó a Freire hasta su partida, porque recupera materiales que mantienen su vigencia, y nos dan la ocasión para reflexionar hoy desde la perspectiva freiriana y, finalmente, porque estructura los textos con la rigurosidad científica demandada por Freire, contextualizándolos y situándolos en la praxis.

El trabajo que en esta ocasión nos reúne aparece en el marco de un mundo altamente polarizado, exacerbado y en cierta forma desesperanzado, con uno o varios propósitos reveladores, en el que se destaca en primer término la idea y la práctica de la tolerancia, entendida no desde una perspectiva de superioridad, como favor del tolerante hacia el tolerado, sino como virtud de convivencia humana, como cualidad de convivir con el que es diferente, con lo diferente, con lo diverso.

Idea y práctica de la tolerancia que incluye el respeto por la otra y por el otro como un derecho humano largamente reivindicado por la humanidad pero que, por desgracia, se abandona cuando dirigimos la mirada al mundo y constatamos con tristeza cómo un gobierno, enarbolando la bandera de la seguridad nacional, invade a otro país solamente por ser diferente; cuando se producen enfrentamientos entre habitantes de diversas comunidades sólo por seguir una doctrina religiosa diferente; cuando se descalifica al contendiente político por pensar y defender una plataforma política diferente; cuando se discrimina al otro por el color de la piel, por la edad, o por el género, como sucede con las personas mayores o las mujeres.

En qué momento tan oportuno Nita nos entrega una obra donde Freire le dice al mundo: “Lo que la tolerancia auténtica demanda de mí es que respete al que es diferente, sus sueños, sus ideas, sus opciones, sus gustos, que no lo niegue porque es diferente.”

Ubicados en el campo propiamente de la práctica educativa, la tolerancia auténtica, entendida como respeto por quien es diferente, significa asumir una actitud democrática que parta de la presencia del ser como sujeto de su conocimiento, como sujeto de su educación, a fin de que se construya una pedagogía diferente, partiendo del punto en el que se encuentran los educandos y no a partir del punto en el que están los/as educadores/as, porque esto último nos coloca en el plano de la intolerancia.

¿Y qué es la intolerancia?, se pregunta Freire. “Es la incapacidad de convivir con el diferente. Segundo, es la incapacidad de descubrir que el diferente es tan valioso como nosotros o a veces mejor; en ciertos aspectos es más competente. Lo que significa que el diferente no necesariamente es inferior, no existe eso. Pero la tendencia de uno al rechazar al diferente es la intolerancia, es si uno se considera como el educador del diferente, el salvador de éste y nunca el educando también del diferente, el salvador del diferente y nunca el que también está a salvo por él”.

No es la escuela de ustedes la que va a crear la capacidad de pensar. La escuela de ustedes, nuestra escuela, sólo será válida en la medida en que, pensando diferente, respete el pensamiento diferente. Fuera de eso, es una invasión más allá de lo debido, es una violencia sobre la otra cultura.

El respeto por el otro incluye, como destaca Freire en el apartado sobre la africanidad, hablar con los otros, no a ellos ni contra ellos, sino hablar con ellos. “Únicamente hablando con es que tú te legitimas en determinados, necesarios momentos. […] el autoritario siempre habla a, el espontaneísta piensa que jamás puede hablar a y que siempre tiene que hablar con, y para mí ésas son dos posiciones falsas. Mi posición es el de quien habla a, porque habla con”, y al hablar con le imprime un significado completo al diálogo en tanto relación indispensable que sella el acto de conocimiento.

La idea de la pedagogía de la tolerancia pasa también por el concepto y práctica de la ciudadanía, entendida no en su expresión abstracta o simplemente juridicista, sino como una producción, como una creación política. Vaya que sí nos hacía falta contar con un planteamiento en estos términos, en particular cuando en países como el nuestro la producción de ciudadanía le ha sido negada a los grandes sectores populares. Nos referimos a una “producción de ciudadanía” que incluye una responsabilidad ética y social de todos nosotros, en el sentido de volver menos mala nuestra sociedad, asumiendo un deber social para transformarla.

En el trabajo organizado por Nita encuentra uno también elementos de la actualidad –que Freire ya nos había proporcionado desde la Pedagogía del oprimido–, para romper con las barreras del prejuicio educando-educador, llamando la atención en el sentido de que dichas barreras, que por demás pretenden establecer una diferencia entre el educando y el educador, provienen básicamente de la ideología dominante, en la cual se percibe a las masas populares como “inferiores” e “incompetentes”.

Después, en la cuarta sección, sobre la enseñanza- aprendizaje, vuelve Freire al tema de lo que él mismo denominó como la “educación bancaria” que, como bien sabemos, es una concepción que reduce el enseñar a la transferencia de conceptos vacíos de contenido y, en menor medida, a la transmisión de la comprensión precisa de dichos contenidos. Consecuente con la pedagogía de la tolerancia, reitera el principio del respeto por el estudiante en su propia manera de conocer el mundo, del respeto por él y por su saber. Apoya la defensa de la producción de los saberes de los hombres y de las mujeres y la mejora de la rigurosidad de esos saberes. No los descalifica, no dice que los conocimientos generados desde el sentido común no sirven, sino que apela a la comprensión dialéctica del proceso de la cotidianidad y va todavía más allá cuando plantea el deber social de mostrar al educando la necesidad de alcanzar otro nivel, que proporcione un conocimiento más exacto que el saber del sentido común.

Destacan de nueva cuenta las dicotomías creadas artificialmente entre teoría y práctica, entre enseñar y aprender, enseñar el conocimiento ya existente y producir nuevos conocimientos, para insistir en la importancia y necesidad de recuperar y aplicar la concepción sobre el proceso de la producción social del conocimiento sin separar la enseñanza y el aprendizaje en momentos distintos, porque dichas dicotomías matan la curiosidad y la creatividad.

A propósito de cómo se cancela la curiosidad y la creatividad, nos dice Paulo Freire: “Es interesante observar cómo uno de los grandes problemas que tenemos en relación con el final del siglo XX, con el alto desarrollo tecnológico, es que cada vez queda más reducido el espacio para la curiosidad y la creatividad. A esto se suma que algunas minorías, las cuales producen conocimientos al servicio de los que dominan al mundo, son las únicas que se dan el lujo de pensar creativamente, de indagar y de desarrollar su curiosidad.”

No hay que ir demasiado lejos para constatar cómo en varios de nuestros países la curiosidad y la creatividad están cada vez más monopolizadas por las grandes empresas productoras de tecnologías digitalizadas. Son éstas las que invierten grandes recursos para impulsar el pensamiento creativo y ello con el propósito de que los pueblos no piensen, sino que simplemente consuman.

Con esa personalidad crítica, rebelde y revolucionaria que lo caracterizó, Paulo Freire nos invita a luchar contra los monopolios del saber, a recuperar nuestra libertad a fin de fortalecer nuestra curiosidad y, con ello, nuestra creatividad. Nos invita a luchar por la libertad, toda vez que cuando se abandona ese impulso fundamental del ser humano se termina la creación, la invención, el riesgo o la propia existencia humana. Nos convoca a trabajar por la liberación entendida como el proceso permanente de búsqueda de la libertad, situando dicho proceso no como punto de llegada sino siempre de partida. Luchar por la liberación como búsqueda permanente, dice Freire, es la forma que encuentro en este fin de siglo para ser auténticamente persona.

En ese mismo sentido, llama a las y los educadores para que conviertan las escuelas en espacios de convivencia democrática, donde el autoritarismo, la discriminación y el saber elitista no tengan cabida, impulsando una pedagogía de la rabia que necesariamente está obligada a luchar contra dichas ideologías, defendiendo una necesaria radicalidad sustantiva democrática que estimule y defienda la lucha diaria por una democratización de la educación.

Por último, además de los aspectos destacados en los apartados precedentes, hay en el trabajo organizado por Nita una diversidad de expresiones concretas sobre el eje central desde el cual Freire desarrolla la idea de la pedagogía de la tolerancia, ya como educador, militante, servidor público, cónyuge, humano, entre otros, que uno quisiera continuar compartiendo con ustedes; sin embargo, termino mi intervención con palabras del propio Freire, quien en “Declaraciones de vida”, a propósito de un encuentro en un Círculo de Padres y Maestros, reaccionando ante la intervención de un papá considerado por Freire un gran pedagogo, dijo: “A veces tengo ganas de ir allá, para ver si todavía vive, perder la humildad y colocar un letrero [que diga]: AQUÍ PAULO FREIRE APRENDIÓ QUE NO ES POSIBLE HACER SU DISCURSO PARA EL PUEBLO, QUE ES NECESARIO APRENDER PRIMERO LA COMPRENSIÓN DEL MUNDO QUE EL PUEBLO ESTÁ TENIENDO, PARA DESPUÉS HABLAR DE SU INTELIGENCIA. Me dan ganas de hacer eso, pero sería demasiada arrogancia.”

Muchas gracias, Nita, por proporcionarnos una herramienta que nos ayudará, sin duda, a construir, desde donde estemos, un mundo mejor.

 

 

 
Revista Interamericana de Educación de Adultos, Año 29/ No. 1 enero - diciembre 2007
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