Analfabetismo a través de diversos cristales
por Carmen Campero
| José Antonio Carranza Palacios y René González Cantú. Alfabetización en México. Análisis cuantitativo y propuestas de política. México: Ed. Limusa, Noriega Editores, 2006. 154 p. |
El trabajo al que aludimos ahora es un importante aporte para profundizar en nuevas investigaciones y para apoyar la toma de decisiones de políticas y proyectos, desde un enfoque principalmente cuantitativo. En él se aborda el tema de la alfabetización, se reúne y sistematiza información estadística y se analizan grupos de población con base en ciertas variables. Muchos de los resultados que se presentan dan pie a nuevas preguntas de investigación y al debate a la luz de experiencias y otras investigaciones. Lo mismo sucede con las políticas que se proponen.
Importancia del tema de la alfabetización
La alfabetización es central para avanzar en el desarrollo social, económico y político de los pueblos. En América Latina 89% de la población de 15 años y más declara saber leer y escribir. Esto significa que existen todavía 36 millones de personas analfabetas. Si bien la evolución de la tasa de alfabetización muestra una marcada mejora en las últimas décadas con progresos de alrededor de 15 puntos porcentuales, y la brecha entre sexos ha ido disminuyendo en los últimos años, el reto es todavía muy grande; esta situación también está presente en nuestro país, como nos lo muestra este libro: en el año de 1970 el índice de analfabetismo era del 25.8 % y para el año 2000 se había reducido a 9.5%, que corresponde a 5 942 090 personas, de un total de 62 842 638 personas de 15 años y más.
A pesar de los esfuerzos realizados, el analfabetismo sigue presente por múltiples razones: las concepciones bajo las cuales se alfabetiza, que se concretan en las temáticas y los métodos utilizados; la discontinuidad de los programas; el breve tiempo predeterminado para estos procesos; el poco presupuesto destinado; la falta de capacitación a quienes alfabetizan y la casi nula remuneración que reciben por realizar tal tarea, entre otras.
Ante esta situación, la UNESCO impulsa la Década de la Alfabetización (2003-2013), principalmente por sus implicaciones sociales y las correlaciones existentes con la pobreza y las inequidades de género. En virtud de lo anterior, cabe mencionar las aportaciones de la alfabetización y la educación de personas jóvenes y adultas al desarrollo de las personas, de los grupos y de los países en general.
Los autores nos dicen en su introducción que la alfabetización “[…] cumple con el objetivo adicional de disminuir la desigualdad social […] representa la base mínima para construir un sistema económico productivo […]”. Años atrás, en una entrevista, José Antonio Carranza, director del INEA de entonces, declaró que la educación de adultos era fundamental para fortalecer la democracia y el desarrollo económico y social. (La Jornada, 6 de abril de 2000).
A estos planteamientos se suman otros especialistas que consideran fundamental la alfabetización por constituir uno de los derechos universales y ser la puerta al logro de otros derechos, ser factor de justicia social y aportar al desarrollo económico y social. Respecto a este último, especifican su importancia en el logro de una ciudadanía mejor formada y activa; familias más interesadas por la educación de sus hijos y más capaces de apoyarlos; sujetos con más posibilidades de empleo y productivos; una democracia más plural y vigorosa, una sociedad más incluyente.
Esta posición respecto a la alfabetización contrasta con las de aquéllos que reducen su importancia al logro de metas cuantitativas y a incrementar los años del promedio de escolaridad de la población del país, dejando de lado el logro de aprendizajes reales y significativos relacionados con la vida de las personas jóvenes y adultas.
Aportaciones cuantitativas del estudio
Los autores nos presentan un compendio estadístico muy valioso sobre el analfabetismo en México, a partir de los censos de población del país de 1900 a 2000, en particular de 1970 a 2000. Sistematizan la información en tablas y gráficos; hacen una proyección de la estimación de la tendencia del analfabetismo hasta el año 2030 y ubican la situación de México respecto a otros países de América Latina y el mundo.
A fin de motivar la lectura de este libro para los que aún no la han realizado, les menciono algunos ejemplos de los interesantes gráficos y tablas que incluye:
- Gráficos de población analfabeta y del índice de analfabetismo de 1900 al 2000.
- Tabla sobre la evolución del analfabetismo por edad y sexo.
- Tabla del seguimiento de las cohortes de edad y sexo.
- Tabla del analfabetismo rural y urbano por sexo.
- Tabla sobre la relación del índice del analfabetismo en la población indígena, frente al de la población mestiza por grupos de edad.
- Tabla de la población analfabeta con necesidades especiales, por entidad.
También realizan el análisis cuantitativo del analfabetismo con relación a las variables de edad, sexo, población urbana y rural, discapacidades físicas y problemas de aprendizaje, y población indígena y mestiza, lo que nos permite profundizar sobre el comportamiento del analfabetismo en estos grupos de población, desde una mirada sincrónica y a veces diacrónica, con relación a algunas décadas y algunas variables.
Me voy a referir a dos aspectos que fundamentan con su análisis: la inequidad de género y las inequidades entre población rural y urbana y mestiza e indígena, que de alguna manera dan cuenta de las relaciones entre analfabetismo y pobreza.
Respecto a la primera, muestran que ha disminuido la diferencia entre los varones y las mujeres analfabetas: mientras que en el año 1970 la diferencia era de casi ocho puntos porcentuales en detrimento de las mujeres, para el 2000 la diferencia se acorta a cuatro puntos. Sin embargo, el comportamiento de esta variable es diferente en los grupos de edad: mientras en el año 2000, para el grupo de 15 a 29 años, la diferencia entre estos grupos de población alcanza sólo tres décimas de un punto, y en los estados más desarrollados, para ese mismo grupo de edad, el grupo de varones analfabetas es mayor que el de las mujeres; en la población adulta, de 30 a 59 años la reducción del porcentaje de personas analfabetas del año 2000 respecto al de 1970 fue mayor para los varones, tendencia que se repite en el grupo de adultos mayores de 60 años y más.
Los datos anteriores nos llevan a ciertas reflexiones:
- Es alentador constatar que se avanza en romper ciertas barreras culturales respecto a la visión del papel social de la mujer, como es el caso de las mujeres jóvenes.
- Falta mucho por trabajar en este sentido, particularmente con el grupo de mujeres adultas, quienes juegan un rol muy importante al interior de las familias y tienen múltiples actividades relacionadas con el desarrollo de sus hijos y sostén familiar, acumuladas debido a la migración; a lo anterior se suma que son parte de relaciones más tradicionales y discriminatorias. Muchos educadores y educadoras expresan que frecuentemente las mujeres tienen que esconderse de sus parejas y/o familiares para continuar estudiando o carecen de su apoyo para concluir sus estudios.
- Los autores mencionan el gran reto que tenemos, el cual se acentúa en el medio rural, ya que una de cada tres mujeres que no saben leer y escribir, es campesina.
A partir del análisis que realizan de las diferentes variables, los autores concluyen que “[…] el analfabetismo da cuenta de la profunda inequidad que caracteriza al país”. Algunos datos que aportan ponen en evidencia la inequidad ciudad-campo: el analfabetismo entre la población rural –comunidades menores de 2 500 habitantes– en 1990 era del 26% y en el 2000 del 23%; además, en la población rural se concentra el 50% de las personas analfabetas y es únicamente el 23% de la población adulta del país. La inequidad también queda manifiesta en la disminución del índice de alfabetización en la década de 1990: el de la población urbana disminuyó 24% y el de la población rural sólo 17.3%.
Ubican a los estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca con índices superiores al 20% de analfabetismo, los cuales tienen un alto porcentaje de población indígena y, además, una distribución del ingreso muy polarizada.
Respecto a la situación de la población indígena, en el 2000, el 33.4% de la población indígena era analfabeta, mientras que la población mestiza únicamente alcanzaba el 7.6%. Para mostrar la magnitud de la problemática, concluyen los autores que: “[…] uno de cada tres indígenas es analfabeto y uno de cada cuatro analfabetos es indígena”. En este mismo sentido constatan que a pesar de que hay una mejoría generalizada en los índices de alfabetización, la inequidad entre indígenas y mestizos se ha incrementado.
Una tarea pendiente, para completar aún más el análisis, es profundizar la información que proporcionan los autores con la de los índices de pobreza y pobreza extrema en la población rural e indígena.
Al respecto, los autores proponen entre los factores que influyen en esta situación la lejanía y la marginación geográfica, a los que habría que aumentar la falta de relevancia de las propuestas en cuanto a contenidos y metodologías; la escasa presencia de la lectoescritura en la vida cotidiana de esos grupos, la presencia de alfabetizadores con muy buena voluntad pero improvisados y que muchas veces desconocen las lenguas y costumbres locales; la prioridad de la alfabetización en español, cuando muchas investigaciones y experiencias a lo largo de la historia en nuestro país han mostrado las ventajas culturales y educativas de alfabetizar primero en lengua materna.
José Antonio Carranza y René González, así como investigaciones y experiencias realizadas en nuestro país y en América Latina, enfatizan la importancia de vincular las acciones de alfabetización con las necesidades e intereses de los grupos, a fin de avanzar hacia propuestas integrales para jóvenes y adultos y orientar estos esfuerzos, ya sea desde la propuesta integral y liberadora que propone Paulo Freire en su método psicosocial o desde el enfoque sociocultural, centrado en prácticas sociales de la lengua escrita (Méndez, Kalman, Noriega, Hernández, entre otros).
Entre las experiencias que refuerzan los planteamientos anteriores se encuentran el proyecto PLAMAC, en Guanajuato, donde la alfabetización se vincula con las cajas de ahorro; y la de los Centros de Educación Técnica Humanística Agropecuaria (CETHA) en Bolivia, que buscan una alfabetización integral vinculada a: la recuperación de la historia de las comunidades; la cultura andina; la alimentación y recetas de cocina; el apoyo a sus hijos en edad escolar; las problemáticas familiares; la participación en la gestión local; la sanidad animal; diversos oficios y etnoturismo. El planteamiento anterior conlleva la necesidad de articulación entre las instituciones, programas y actores que se abocan a la educación, a la salud, a los proyectos productivos, a la promoción de la cultura local, a la atención y cuidado de los hijos e hijas, y al uso del tiempo libre, entre otros. Para seguir avanzando
En diferentes partes del libro, los autores critican la ineficacia de campañas que ofrecen amplios y rápidos resultados, emprendidas desde un enfoque instrumental y simplista, homogeneizador; con propuestas descontextualizadas de la realidad de los sujetos y muchas veces sin incorporar sus características, necesidades e intereses y, además, con mínimos recursos financieros para su realización. Desgraciadamente, así es como se han llevado a cabo la mayoría de las campañas y programas de alfabetización en nuestro país.
De ahí que los resultados que se pueden atribuir a las campañas y acciones de educación resultan cuantitativamente poco relevantes, según expresiones de los propios autores, y es aquí cuando hay que echar mano de otras investigaciones que combinan el análisis cualitativo y cuantitativo y de experiencias para profundizar y encontrar alternativas a estas problemáticas.
Los autores mencionan en la introducción que “[…] por la magnitud y persistencia del analfabetismo en México, su acometida requiere de estudios detallados para analizar su complejidad, aprovechar las experiencias nacionales e internacionales y diseñar políticas y estrategias que enfrenten de manera coherente e integral el problema en un horizonte de tiempo amplio que incremente sus posibilidades de éxito”. Si bien ponen énfasis en algunos grupos de población en los cuales el impacto de las acciones de alfabetización –campañas y programas– ha sido más limitado, como es el caso de las mujeres adultas y de la población indígena y un poco menos la rural; esta situación nos convoca a profundizar mucho más en las características, necesidades e intereses de estos grupos de población y con base en éstos a redoblar las acciones orientadas a ellos y ellas como un derecho.
Para ello hay camino recorrido. Tenemos, entre otros, el Estado del Conocimiento elaborado por especialistas en este campo, y publicado por el COMIE en el año 2002, en el cual se dedica un apartado completo a la educación básica de adultos. Las propuestas de política que plantean los autores constituyen un punto de partida para un análisis profundo y un amplio debate que involucre a los diferentes actores de este campo en la definición de las políticas a fin de avanzar hacia políticas públicas.
En síntesis, este libro constituye un punto de partida para el estudio y el análisis a mayor profundidad sobre la problemática tan compleja y multidimensional que es el analfabetismo en México.
Recomiendo ampliamente su lectura a los diferentes actores de la educación de personas jóvenes y adultas: educadores y educadoras, especialistas, coordinadores de proyectos, responsables de las instituciones y tomadores de decisiones.
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