Con el valor que tiene construir el relato desde el papel protagónico, esta conferencia inaugural del Encuentro de Educación para la Paz México-Guatemala, organizado por el CREFAL en marzo de 2007, se orienta a la juventud para activar en ellos la convicción de que lo que se alcanza hacia la meta por un mundo mejor es producto del trabajo y de vivir más intensamente la vida haciendo cosas para los demás, lo que ella llama “la útil existencia”. Invita a vivir los valores heredados y a engrandecer eso que llama la ciencia de la vida, la ciencia de la gente, la escuela de la vida, en la que es necesario saber escuchar, tener maestros para poder ser maestro, tener rigor en la academia sin enfocarse sólo a la obtención de títulos y prepararse para el bien. Se incluyen también sus respuestas a las preguntas que planteó el público sobre desarrollo, cooperación, fundamentalismo y género, en las que identificamos ese “sabor a saber” para lograr cambios profundos en lo social y respeto a lo que la tierra nos da.
¡Buenos días! ¡Buenos días jóvenes! ¡Buenos días apreciables padres y madres, respetables señoras y señores! En nuestro Sagrado Calendario Maya el día de hoy se conmemora al Ajaw Kemé.
Simbólicamente Kemé, el dueño de la muerte -el dueño de nuestra vida- es una navaja: es el filo donde están tanto la vida y la muerte como el hoy y el mañana. Kemé es también la energía que nos unifica con nuestros ancestros. Nuestros ancestros han venido en el tiempo, vienen de más allá, probablemente de muchos millones de años atrás. Ellos generaron una semilla, y esa semilla es la que tenemos hoy todos. Y cuando digo todos, no sólo me refiero a los pueblos indígenas, a los mayas o a los puréhpechas por ejemplo, sino también a cada uno de ustedes, a cada uno de nosotros. Ustedes también han tenido ancestros, han tenido un punto de partida. Hoy están en el tiempo y no sabemos cuánto mida hacia el futuro la larga duración de su existencia.
Kemé coloca una filosofía de la vida y de la muerte, que está ahora al lado de todos nosotros… Hoy estamos aquí; pero mañana -o al rato- no está en nuestras manos. Incluso no está en nuestras manos el que estemos aquí. O que seremos una energía que estamos floreciendo ahora, al lado de los nuestros, en el tiempo.
El día de hoy también es aconsejable para todas las personas recordar a sus abuelas y abuelos. Las abuelas y abuelos son los antepasados que más conocemos según nos permite nombrar el idioma español, pero también es posible recordar a todos los antepasados. Recordar que ha sido toda la humanidad quien ha traído hasta aquí ahora esta riqueza: la vida.
Esta conciencia nos permite reconocer que no somos protagonistas de todo, sino de un lapso; protagonistas de un lapso de tiempo unido al Tiempo Grande.
Saludo de manera especial al Lic. Humberto Salazar, que es el director de CREFAL. Gracias por la invitación. Gracias por esta oportunidad de trabajar y llegar un rato con los jóvenes. Gracias también a Leticia Cervantes; yo sé bien que ha trabajo muchísimo en la organización. Y gracias a todos: lo que está aquí presente es el producto del trabajo de ustedes.
Quiero saludar a estos jóvenes purhépechas. Cuando los veo aquí presentes sé que aquí están presentes también nuestros ancestros. Seguramente a través de estos jóvenes está presente la felicidad de nuestros antepasados, porque aquí sigue transcurriendo en el tiempo la cultura milenaria, permanente.
Yo he aprendido que un pueblo sin identidad es un pueblo perdido. Ciertamente la identidad pasa por lo que cada uno es, es el ser de cada uno. Pero también las culturas milenarias están vivas porque son la continuidad de los milenios; tanto la continuidad de las personas, como la continuidad misma de los milenios…
Estos jóvenes, que aún hablan el idioma de nuestros ancestros, saben muy bien que no es fácil traducir la mente de nuestros antepasados a las reglas que existen actualmente. Y esto es así porque los sistemas donde vivimos son mono-culturales; son ideas mono-culturales; son esquemas que no enriquecen la diversidad, sino que la reducen. A estos sistemas les significa un problema la diversidad, en lugar de reconocerla y vivirla como una riqueza y una fuente de poder ciudadano. Muchos de nosotros somos sobrevivientes de este esquema. Y sin embargo aquí estamos.
Ahora mencionaré lo que creo que es lo más importante que quiero decir para estos jóvenes que se preparan para el futuro. En toda la humanidad está habiendo un sufrimiento increíble. Como se dice en la comprensión maya, este es un no tiempo.
Este, el no tiempo, consiste precisamente en la falta de un objetivo común. Tenemos muchos objetivos; uno trabaja por sus objetivos cotidianos, pero el objetivo común lo estamos perdiendo. Cada uno somos una parcela que vivimos en un aquí, pero en un allá hay otro -por ejemplo otro pueblo- pero esto no nos importa mucho.
En este no tiempo sólo estamos al corriente de lo que vivimos usualmente, diariamente, cotidianamente.
En este no tiempo también reconocemos el mayor impacto del dolor humano. En este no tiempo se dice que existe mayor descomposición humana. Qué pena que tengo que decirles esto tan claro, pero ésta es una época donde hay descomposición humana. Por eso no es casual que ustedes vean que un padre viola a su hija; que una persona mata a sus seres queridos; que la intolerancia está a flor de piel, en contacto con nosotros. No es casual que haya mucha más tristeza y más soledad. Muchas personas se sienten solas, tienen ideales, iniciativas, esperanzas, pero su anhelo tiene que pasar por una prueba de tenacidad y sostener una constancia permanente para poder alcanzar incluso mínimos. Es el momento de la insatisfacción humana, donde se ha perdido un ritmo natural, y se ha adquirido un ritmo material. Ese ritmo material no es el del Reloj Natural, es el de un reloj artificial, un material del tiempo.
La misión
¿Por qué les hablo de esto? Porque ahora es el tiempo mayor, donde tenemos la máxima obligación de retomar los valores. Los valores de la humanidad, en primer lugar. Valorar la familia, la sociedad, la colectividad más cercana… Valorar el respeto, la solidaridad, el acompañamiento… Si nosotros nos alejamos de estos valores, la crueldad del entorno se vuelve de tal manera que perdemos un rumbo. Por eso los humanos somos los más vulnerables del Planeta.
Y hablo de los humanos pero en realidad también tenemos la misión de salvar a la Sociedad Natural. Nosotros creemos en las sociedades, y no sólo en la sociedad humana. Muchas veces pensamos que los humanos nos debemos únicamente a nosotros mismos. Vivimos para nosotros mismos y no nos importan las otras vidas. Hay pendiente un camino que retomar por el que caminaron nuestros abuelos y nuestras abuelas. Independientemente de la región donde existieron nuestros ancestros practicaron esta verdad de la comunidad, humana y de las otras formas de vida. Es eso lo que la hace una comunidad universal. Creo que esa comunidad se ha ido perdiendo. En virtud de esta pérdida, la búsqueda de oportunidades se ha vuelto un asunto individual: “Si usted quiere salir, ¡adelante!, busque su oportunidad solo”; “está bien” -dice la humanidad- y se va por un camino cada vez más y más distanciado… Ese no es el camino correcto.
Aquí es donde las culturas milenarias vuelven a florecer. ¿Por qué? Porque nuestras raíces están profundas, nuestras raíces están en la Madre Naturaleza, están en la Madre Tierra, están en la profundidad de esas culturas milenarias, y porque somos de aquí en verdad. ¿Por qué algunos quieren que seamos de allá, si nosotros somos de aquí? A pesar de todos sus esfuerzos, se afirma realmente un código, un sistema ancestral que es lo que poseen los pueblos indígenas. Ojalá que siga viviendo en todo el Planeta.
Donde quiera que estemos nos conquistan las emancipaciones prometidas para cada uno de los hombres y mujeres y sus comunidades. Pero ustedes los jóvenes, decimos que son una esperanza del mañana; yo estoy segura que son una esperanza del mañana, pero esto depende de cómo se preparan para el mañana. Los jóvenes no son ni van a ser automáticamente la esperanza del mañana. La esperanza del mañana son aquellos jóvenes que construyen un liderazgo a partir de valores, valores de consideración positiva de la sociedad y la comunidad universal.
Si ustedes se pasan volando por Internet, estoy segura que un día de éstos se van a desplomar. Volando por allá llegará una vez en que se caen. Si ustedes piensan que el mundo es una fantasía no van a ser la esperanza de la humanidad. El mundo no es una fantasía. La combinación de los anhelos con lo que podemos realmente construir es una recomendación muy válida para los jóvenes.
Recordar la importancia de tener maestros
Yo creo que los jóvenes tienen que tener maestros. Si ustedes no tienen maestros, en el fondo creen que van poder superar a todos los maestros de los tiempos; y no es cierto.
En la cultura maya, en las culturas milenarias, tener maestros es importante. Yo tengo maestros. Soy una señora que nací en el ‘59, -no me gustaría quitar un año de los que he vivido, aumentar uno sí- y me considero una maestra de muchos jóvenes, pero yo tengo mis maestros, y si mis maestros me dicen, “mira señora, tú estás alejando tu camino, tú te estás desviando a otros lugares, tú has perdido estos principios”, yo tengo a qué atenerme. Tengo que hacer caso a mis maestros. No sería maestro si no tuviera en verdad maestros.
Ustedes ya pueden ser maestros; pero pueden ser maestros siempre y cuando tengan maestros que los acompañen. Están invitados a participar en la mesa principal. Pero a veces los jóvenes podrían decir: “yo no voy a estar en la mesa principal porque soy joven; ¿y el anciano dónde quedó?; ¿y la anciana donde quedó?”. Pero el problema no es de los otros, cada quien tiene su ciclo de vida, cada quien tiene su misión.
Si yo he cumplido mi misión social voy estar muy satisfecha, porque voy a tener una útil existencia. ¿Para qué voy a vivir en este mundo si no aspiro a una útil existencia? La útil existencia sólo la puede alcanzar quien es justo con los demás. Una persona solita no hace cambios, ni hace historia. Es en las relaciones justas con los demás donde interactúan nuestros conocimientos y nuestra misión.
Cada uno de ustedes tiene la oportunidad de seleccionar una misión social para sus vidas, y esta es la misión social de la educación. ¿Para qué me preparo yo? ¿Para tener 20 diplomas o para tener una misión social? Llevar o no una útil existencia, no da igual.
Recordar el poder curativo de la Naturaleza
Tengo 22 doctorados honoris causa y apenas curo a un par de gentes. No curo por los doctorados, curo porque creo en las plantas, porque creo en los ríos, porque creo en los cerros, porque creo también en los efectos de la Luna y en los efectos del Sol.
Muchas personas tienen una tremenda depresión, incluso personas jóvenes, y niños chiquititos. Solamente les digo: “mira, te vas a curar si cuando te levantas todos los días, recuerdas dónde sale el Sol y dónde cae el Sol. Mientras puedas mirarlo un instante, el Sagrado Sol te va a inyectar una nueva energía”. Yo he sacado gente de la depresión, o de enfermedades fulminantes en el ser humano, pero siempre gracias a la Naturaleza. Cuando uno no se cree más que la Naturaleza uno aprende y puede sacar de ella sus herramientas. Esto es para mí una forma de vida, no es meramente una forma de predicar.
Saber escuchar nuestras luces
Cuando uno quiere tener luces, siendo que el tiempo que vivimos es un tiempo lleno de oscuridad, debe uno preguntarse ¿qué es lo que necesita una persona en la oscuridad? Necesita luz. ¿Qué es lo que necesitamos cuando hay un camino no muy claro? Necesitamos luz.
La luz no viene sola. La luz viene cuando tú te vas a la gente y le preguntas: “si usted estuviera en mi lugar, ¿cómo resolvería este problema?”. Seguramente uno te va a decir “yo no se cómo resolverlo”, y entonces dirías “pues yo tampoco, en verdad”; y así, de pregunta en pregunta, uno va a encontrar la suma de las ideas, el florecimiento de las ideas. El conjunto de ideas te ayuda a resolver un problema. Pero si uno cree que sabe más, entonces se queda en un espacio pequeño; no es que no la vaya a resolver, sí puede ser que lo resuelva… pero mediante un tiempo más largo o cometiendo muchos errores antes de plantear una solución.
Quisiera dejarles a ustedes un mensaje a favor de saber escuchar. Aprendan a escuchar a sus padres, porque nadie puede volver a caminar por los pasos de ellos. Ellos hicieron sus pasos desde el momento en que fueron engendrados, y posteriormente nacieron y posteriormente se incrustaron en el tiempo vivo… Ellos ya hicieron sus pasos, por eso ustedes merecen aprender a escuchar a su gente, escuchar a sus padres, escuchar a sus mayores, escuchar a su comunidad, escuchar a la gente que necesita un apoyo… Esto les puede generar a ustedes tremendas riquezas para poder contribuir.
Muchas veces la necesidad que nos permite ayudar viene sola. No tienes que ir a ver y decir: “vengan aquí que yo les ayudo”. No; la gente busca la ayuda de un dirigente cuando de verdad sabe escuchar.
Empeñarse en aprender en la Escuela de la Vida
Aunque no tengo estudios formales, he aprendido a ser muy rigurosa. Creo que en la academia hay que ser de rigor. No quiero un estudiante medio flojo, uno que no hace su tarea, uno que deja inconclusos sus temas… No quiero un universitario que paga un tutor para que le haga su tesis…
Una persona empeñada con su propio conocimiento es realmente hermosa. Puede decir “esto me lo gané yo con mi esfuerzo”, algo tiene que tener uno. Sin embargo uno de los errores que ha cometido el mundo asociado a la ciencia en los últimos años, es precisamente quedarse en los títulos. Hay quienes creen que como ya tienen título ya no necesitan nada. Se olvidan que es día con día que uno aprende. Hay una Escuela de la Vida que no es conveniente abandonar a un lado. Yo quisiera que ustedes aprendan de la Escuela de la Vida. Quisiera que recuperen lo que eran nuestros ancestros: por lo que eran, es que decían que la escuela más grande es la Escuela de la Vida.
Hay quien dice: “yo quisiera subir a este volcán, porque subir a este volcán –ja– lo hago en un rato”. Pero una cosa es decirlo y otra es empezar a hacerlo, y caminar y caminar y caminar. Y cuando uno se da cuenta que lo que parece simple no es simple, uno puede medir exactamente quién es uno y qué tanto puede contribuir.
Si vieran ustedes cómo en los últimos años algunos antropólogos armaron una polémica sobre mi vida: si soy una persona “estudiada” o sin estudios, si fui o no a la universidad… Me dije “voy a ver si encuentro mi diploma de mi primer grado en el Ministerio de Educación en Guatemala, porque yo recuerdo haber estudiado un poquito y a lo mejor me dieron diploma por eso”. Y empecé a buscar el papel pero no lo encontré. Recuerdo que saqué el sexto grado en dos años, en la educación de adultos. Me dieron tres años consecutivos en el primer año y otros tres en el siguiente… supuestamente con eso validé mi sexto grado. Por eso estoy aquí con CREFAL: porque yo he sido hija de lo que le llaman la alfabetización.