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  REVISTA INTERAMERICANA DE EDUCACIÓN DE ADULTOS
 
 
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 por Budd L. Hall**
Surf on Pauliño*

El día en que Paulo cumplió 70 años, la Comunidad sobre Educación y Cambio Social de la ciudad de Nueva York patrocinó una importante reunión para celebrar su cumpleaños así como sus contribuciones a la educación. El acto me emocionó y enterneció a tal grado que escribí un poema en su honor y lo di a conocer un año después de su fallecimiento. Lo incluyo al final de estas líneas. El título de este artículo se deriva de una anécdota que Paulo relató al inicio de su conferencia. Dijo ante la multitud reunida en el Nouveau Assembly Hall de la Facultad de Investigaciones Sociales de Nueva York lo que describió como el mejor regalo que había recibido por su cumpleaños. Contó que un joven en Recife, su ciudad natal, le había obsequiado un dibujo hecho por él mismo, de un anciano con barba blanca, montado en una tabla de surf.En la parte inferior de la pintura, se leía “Surf On Pauliño”. Paulo reía a medida que describía la pintura, y el auditorio reía con él. Después afirmó que “eso trataría de hacer”, y lo cumplió.

Tuve el privilegio de trabajar con él a lo largo de 25 años. Lo conocí en Dar es Salaam, y la última vez que estuve con él fue durante la Cumbre de la Tierra en 1992, en donde ambos participamos en la sesión plenaria de la “carpa educativa” del foro de ONG. A lo largo de esos 25 años estuve con él varias veces en Tanzania, en un curso de verano en 1975 en Toronto, Ontario, en el Ontario Institute for Studies in Education, en varias sesiones en Amherst, Massachusetts, organizadas por mi amigo Peter Park, en Buenos Aires, y en otros lugares en donde fungía como Presidente Honorario del Consejo Internacional para la Educación de Adultos.

Aún recuerdo cuando vi la primera versión de la Pedagogía del oprimido editada por Penguin en la sala de la casa de Marjorie Mbilinyi en Dar es Salaam, Tanzania, en 1970. Marjorie y yo estábamos muy emocionados por el hecho de que un erudito hubiera escrito un libro tan poderoso acerca del potencial político y de transformación de la educación, utilizando ejemplos de la alfabetización y de la educación de adultos. Expresaba la importancia de relacionar el aprendizaje con la acción política en lo que tanto Marjorie como yo y muchos otros en Tanzania y en el resto del mundo estábamos involucrados. Nos ofrecía una plataforma teórica y una estructura discursiva en las que podíamos basarnos en nuestras reuniones y nuestros escritos para fortalecer el papel de la educación y el aprendizaje en los movimientos transformadores de nuestros tiempos. Ningún otro libro había logrado, ni antes ni hasta entonces, el impacto que provocó la Pedagogía del Oprimido. Recuerdo que más tarde me contó que había dado permiso a Penguin para reproducir el libro en pastas suaves  sin que se hubiera liquidado formalmente el proyecto de la edición en pasta dura con los editores originales. Su principal interés radicaba en hacer llegar su libro al mayor número posible de personas en todo el mundo.

Poco tiempo después las Maryknoll Sisters me escribieron informándome que habían invitado a Paulo a Tanzania para una estancia de tres semanas. El Director del Instituto de Educación de Adultos me pidió ser el responsable de su visita mientras permaneciera en Tanzania. Mi alegría era inmensa. Conocí por primera vez a Paulo en una recepción de bienvenida en las Cámaras Senatoriales de la Universidad de Dar es Salaam. Entré al salón, y al principio éramos pocos. Vi a un caballero de aspecto muy distinguido con un traje marrón y una corbata. ¡Era Paulo! No sé lo que esperaba yo, tal vez una persona con aspecto más “radical”, con cabello largo y ojos más penetrantes. Esta manera de vestir expresaba su respeto a la Universidad de Dar es Salaam y a los académicos de Tanzania que estaban deseosos de conocerlo. En esa ocasión le comentó a quienes se encargaron de acompañarlo a todas partes que era su cumpleaños... cumplía 50 años. Mencionó también lo mucho que Tanzania le recordaba al noreste de Brasil, y cuánto extrañaba la feijoada, el platillo tradicional de su tierra. En esa época vivía exiliado en Ginebra, Suiza, trabajando como Secretario de Educación del Consejo Mundial de Iglesias. Viajaba a todas partes compartiendo sus experiencias acerca de la pedagogía de la liberación, la esperanza y la transformación.

Cuando Paulo y Elza pudieron regresar a Brasil, Francisco Vio Grossi, que entonces era el Secretario General del Consejo Latinoamericano para la Educación de Adultos, y yo, consideramos que deberíamos visitarlo en Sao Paulo, en donde se habían establecido. Él y Elsa nos invitaron a Pancho y a mí a almorzar. Tenían un apartamento con un pequeño balcón con vista a la ciudad, y un gran comedor con una amplia mesa en donde la familia y los amigos compartían las historias que yo había imaginado en muchas ocasiones. Pancho y yo estábamos muy emocionados por esa invitación. Al llegar Paulo nos pidió que nos sentáramos un momento en la sala de estar, a un lado de la ventana con vista a la ciudad, cerca de la puerta que daba a un pequeño patio, donde había una jaula justo sobre nuestras cabezas. Pancho comenzó a decir unas palabras muy floridas de bienvenida por parte del movimiento de educación de adultos y popular en América Latina, y yo continué con algunas expresiones de gratitud a nombre del movimiento global de educación de adultos, pero antes de terminar con mi florido discurso se llevó un dedo los labios y dijo: “por favor, no hagan demasiado ruido, porque molestarán al canario”, señalando la jaula que se encontraba sobre nuestras cabezas.

Su calidez, su amabilidad al recibirnos en su casa, su modestia y la forma tan sencilla de conducirnos al espacio de la amistad y alejarnos de la adulación eran típicas de él. Paulo tenía una cualidad mágica para relacionarse con la gente, para hacer sentir su amistad hacia los demás. Eso mismo lo observé cuando se encontraba con grupos de mujeres de Zanzíbar, con educadores populares en Europa y Asia y con grupos académicos en varias partes de los Estados Unidos. Nos quería, quería a todos nosotros. Y nosotros lo queríamos también.

En otra ocasión tuve el privilegio de presentar a Paulo Freire con Julius K. Nyerere, entonces Presidente de la República de Tanzania. El Presidente Nyerere (Mwalimu o Maestro, como se le llamaba) había leído la Pedagogía del Oprimido. Paulo conocía los escritos de Nyerere y manifestaba un enorme respeto por su liderazgo. Mwalimu Nyerere deseaba saber por qué, si el objetivo de la Pedagogía del Oprimido era la educación para la liberación, la había escrito con un estilo académico tan denso. Esa pregunta la escuché muchas veces y sus respuestas variaron a lo largo de su vida, pero lo que ese día comentó al Presidente Nyerere fue que cuando escribió la Pedagogía del Oprimido se encontraba todavía demasiado atado a la academia, y que si hubiera imaginado la popularidad y los usos que el libro había tenido en tantos países, lo habría escrito de manera diferente. Le preguntó a Mwalimu Nyerere si Tanzania aceptaría establecer una especie de centro internacional basado en sus ideas, porque había mucha gente en el mundo que se interesaba en sus ideas, pero no existía un centro en el cual se pudieran llevar a cabo investigaciones y  estudios más profundos sobre el tema. Nyerere accedió con entusiasmo pero al final no se pudo lograr, aunque no por falta de interés ni de Freire ni de Nyerere.

Una de las experiencias que más me gusta relatar ocurrió en 1985 en  Argentina. Alfonsín acababa de ser electo Presidente dando fin a una de las dictaduras militares más brutales del siglo XX. Intelectuales y activistas políticos habían sido asesinados por millares, habían “desaparecido”, para usar el lenguaje común. El Consejo Internacional de Educación de Adultos deseaba realizar su siguiente asamblea mundial en Buenos Aires en noviembre de 1985. Paulo, como presidente de este Consejo, fue invitado para participar en la planeación de esa asamblea. La Pedagogía del Oprimido había sido un libro prohibido por la dictadura. Encontrar un solo ejemplar constituía un crimen. Isabel Hernández, la gran educadora popular argentina, fue la organizadora de la Asamblea Mundial y había tenido problemas para obtener ayuda del gobierno argentino. El partido político que controlaba el Ministerio de Educación no tenía ningún interés en la educación popular y obstaculizaba la difusión de un evento que reuniría a educadores populares de todo el mundo.

Isabel consideraba que podríamos realizar un foro público sobre educación popular aprovechando la popularidad de Paulo, y después hablar acerca de la Asamblea Mundial, de manera de informar directamente al pueblo de Buenos Aires y eludir la falta de interés del Ministro. Cuando Isabel nos planteó su idea, la consideramos excelente. Todos menos Paulo. Decía que no le gustaba hablar ante audiencias tan numerosas. Le pedimos que reconsiderara, porque necesitábamos la visibilidad que sólo él podía ofrecer. Finalmente aceptó, pero bajo la condición de que Isabel, Francisco Vio Grossi y yo fuéramos los primeros en hablar. Y luego dijo que sólo hablaría diez minutos. Cuando estábamos trabajando en uno de los salones del Centro San Martín, nos dimos cuenta que entre las 3 y las 4 de la tarde la gente ya se amontonaba en la sala principal. A tal grado era el deseo de participar en un país que apenas se recuperaba que tantos años de brutalidad y desesperanza. Hacia las 8 pm, la hora fijada para la plática, los 1200 asientos del salón del Centro San Martín estaban ocupados y las ventanas a lo largo de una de las paredes de la sala estaban abarrotadas de personas que no habían podido entrar. ¡Paulo era tan popular como una estrella de rock!

Caminamos por la parte posterior del Salón de Asambleas y pasamos a lo largo de una serie de corredores. Cuando entramos al escenario se produjo una explosión de aplausos, y cerca de 1500 personas se levantaron de sus asientos. Isabel abrió la reunión con información acerca de la Asamblea Mundial. Yo pronuncié unas cuantas palabras acerca de la educación de adultos y la democracia ante un público en silencio total. Francisco Vio Grossi hizo una especie de introducción, y llegó el momento para Paulo. Él permanecía tímidamente de pie bajo las luces, preguntándose qué era lo que debía decir. Entonces descubrió a un viejo amigo de Buenos Aires, un amigo de muchos años, sentado en la primera fila. Se sonrieron mutuamente y Paulo comenzó a hablar acerca de lo preciado de ese momento de su regreso a Buenos Aires ahora que la democracia había vuelto. Habló sobre el significado de las palabras “Buenos” y “Aires”, y sostuvo una conversación con el auditorio sobre el significado del amor. Fue la plática más bella y conmovedora que jamás le había escuchado. Se inspiró en la energía de la multitud, en la energía del momento, en las aspiraciones democráticas de tantos seres humanos, y logró que esas energías regresaran mediante sus palabras a nuestros corazones y a nuestras mentes abiertas. Habló cerca de una hora, y parecía que a medida que hablaba recuperaba su fortaleza.

Es difícil aceptar que se ha ido de nosotros físicamente desde hace ya más de 10 años. Sin embargo, de alguna manera Paulo es una de las personas que jamás nos abandonarán. Sus ideas, su amor por todos nosotros, su pasión por la gente común y su capacidad de vincular la práctica educativa con el cambio renace cada vez que leemos alguno de sus libros, escuchamos alguna de sus conferencias y hablamos con otros acerca de sus ideas.

Personalmente, uno de los grandes privilegios de mi vida fue haber podido compartir con él, suscribir sus ideas y comprobar su influencia en muchas partes del mundo.

 

Surf On Pauliño***

Lire les mots
Lire les textes
Lire les vies
Lire le monde
Lire nos coeurs

I mean picture this
600 street-wise American and Canadian activists
Assembled in the conference hall of the New School of Social
Research in New York City
Where in 1932 the first North American meeting of the Workers
Education Association was held

A birthday conference for Paulo Freire, the most influential
Educational thinker of the 20th century
Academics jammed in next to homeless organizers who are
Jammed in next to Lady Garment Workers who are
Jammed in next to the Puerto Rican Independence underground who are
Jammed in next to kindergarten teachers who are
Jammed in next to high school students who are
Waiting to hear from Paulo Freire

And Paulo, 70 years old, who has come to town to help us all
Celebrate ourselves through him, stands up behind a table on the
Stage

"I'd like to tell you",
 Paulo says in his quiet gentle voice,
"About the best gift that I have had for my birthday.
I received it from a young boy in Recife, in Northeast Brazil where
I was born.
He gave me the gift of a picture which he had drawn himself
A picture of the crashing Atlantic coastal waves
And in the picture was a man riding on what I think is called a
Surf board.
And on top of the board, riding the waves, was an old man with a
white beard and glasses.
That old man was me.  It was a picture of me.
And my young friend had written words beneath this picture in his
own handwriting.
He told me 'Surf On Pauli§o'
Surf on little Paulo
And", Paulo said with a smile that reached out to the entire hall,
"I intend to do just that".

For Paulo was a transcendant rider of the waves
Waves of respect for the oppressed people of this planet
Waves of intellectual curiosity; lover of words
Waves of exile and loneliness in Chile, Geneva and Africa
Waves of love for his children, his dear Elsa who died before him
Waves of love for the final love of his life, his widow Nita.
And waves of love for his friends in such places as Guinea-Bissau,
Cuba, India, Fiji, France and, yes, for us in Canada.

For if he was a teacher
For if he was an activist
For if he was a writer
For if he was a teller of stories
He was above all a person in the great and ancient tradition of
Brazilian mystics
More than a teacher
More than an activist
More than a writer
More than the teller of stories

He carried with him a warm breeze of historic possibility
He carried with him the memories of many struggles
He carried with him vulnerability and need
He carried with him opportunities for friendship
He carried with him the new eyes of the young
He carried with him revolutionary agency
He carried with him his hand for ours
He carried with him the electric atmosphere of a Northeastern
Brazilian Storm

Paulo often apologized for his ways of speaking languages other
Than his beloved Portuguese
And yet he held audiences at hushed attention when he spoke in
English, French or Spanish in every corner of the world
He found ways through his distinct ways of speaking English and
French and other languages to draw us in to his speech
To draw us into himself
So much did he seem to need us, his audience, that we hung on his
Every word and we helped him to reach out to ourselves

So that in the end
We were his text
We were his words
He was our text
He was our words

Nous étions ses mots
Nous étions son texte
Il était notre texte
Il était nos mots

Lire les mots
Lire les textes
Lire les vies
Lire le monde
Lire nos coeurs

Pauliño
Surf on

 

 

 
Revista Interamericana de Educación de Adultos, Año 29/ No. 1 enero - diciembre 2007
nueva época.
 
 
 
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